viernes, 27 de diciembre de 2013

Leccion 361, Un Curso de Milagros


LECCIONES FINALES

Introducción

1. En nuestras lecciones finales utilizaremos la mínima cantidad de palabras posible. 2Tan sólo las utilizaremos al principio de nuestras prácticas, y únicamente para que nos recuerden que lo que buscamos es ir más allá de ellas. 3Dirijámonos a Aquel que nos guía en nuestro camino y que imparte seguridad a nuestros pasos. 4En Sus manos dejamos estas lecciones, y de aquí en ade­lante le entregamos también nuestras vidas. 5Pues no queremos volver a creer en el pecado, que fue lo que hizo que el mundo pareciese un lugar feo e inseguro, hostil y destructor, peligroso desde cualquier punto de vista, y traicionero más allá de cual­quier esperanza de poder tener confianza o de escapar del dolor.
2. El suyo es el único camino para hallar la paz que Dios nos ha dado. 2Su camino es el que todo el mundo tiene que recorrer al final, pues éste es el final que Dios Mismo dispuso. 3En el sueño del tiempo este final parece ser algo muy remoto. 4Sin embargo, en verdad ya está aquí, como un amable guía que nos indica qué camino tomar. 5Marchemos juntos por el camino que la verdad nos señala. 6seamos los líderes de los muchos hermanos que andan en busca del camino, pero que no lo encuentran.
3. Consagremos nuestras mentes a este propósito, poniendo todos nuestros pensamientos al servicio de la salvación. 2La meta que se nos ha asignado es la de perdonar al mundo. 3Ésa es la función que Dios nos ha encomendado. 4lo que buscamos es el final del sueño, no como nosotros queremos que dicho final sea, sino como lo quiere Dios. 5Pues no podremos sino reconocer que todo aque­llo que perdonamos es parte de Dios Mismo. 6Y así, Su recuerdo se reinstaurará en nosotros completamente y en su totalidad.
4. Nuestra función es recordarlo a Él aquí en la tierra, tal como se nos ha dado ser Su Propia compleción en la realidad. 2No nos olvidemos, por lo tanto, de que nuestro objetivo es uno que com­partimos, pues en ese recordar es donde radica el recuerdo de Dios y lo que nos señala el camino que conduce hasta Él y hasta el Remanso de Su paz. 3¿Cómo no vamos a perdonar a nuestro her­mano, que es quien nos puede ofrecer esto? 4Él es el camino, la verdad y la vida que nos muestra el sendero. 5En él reside la sal­vación, que se nos ofrece a través del perdón que le concedemos.
5. No terminaremos este año sin el regalo que nuestro Padre le prometió a Su santo Hijo. 2Hemos sido perdonados. 3Y nos encon­tramos a salvo de toda la ira que le atribuíamos a Dios y que después descubrimos no era más que un sueño. 4Se nos ha resti­tuido la cordura, en la que comprendemos que la ira es una locura, el ataque algo demente y la venganza una mera fantasía pueril. 5Nos hemos salvado de la ira porque nos dimos cuenta de que estábamos equivocados. 6Eso es todo. 7¿Y se encolerizaría un padre con su hijo porque éste no hubiese comprendido la verdad?
6. Venimos a Dios y con honestidad le decimos que no habíamos entendido, y le pedimos que nos ayude a aprender Sus lecciones a través de la Voz del Maestro que Él Mismo nos dio. 2¿E iba Dios acaso a hacerle daño a Su Hijo? 3¿O bien se apresuraría a contes­tar de inmediato, diciendo: "Este es Mi Hijo, y todo lo que tengo le pertenece"? 4Ten por seguro que así es como responderá, pues éstas son Sus Propias Palabras para ti. 5Y nadie podrá jamás tener más que esto, pues en esas Palabras yace todo lo que existe y todo lo que jamás existirá por los siglos de los siglos, así como en la eternidad.

LECCIONES 361-365

Te entrego este instante santo.
Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará paz.

1. Y si necesito una palabra de aliento, Él me la dará. 2Si necesito un pensamiento, Él me lo dará también. 3si lo que necesito es quietud y una mente receptiva y serena, ésos serán los regalos que de Él recibiré. 4Él está a cargo a petición mía. 5Y me oirá y contestará porque Él habla en Nombre de Dios mi Padre y de Su santo Hijo.

LECCIONES FINALES

Propósito: Recibir el regalo que Dios ha prometido a Su Hijo. Dedicar nuestra mente a seguir el camino de la verdad y llevar allí a nuestros hermanos. Perdonar al mundo y acelerar el final del sueño que Dios ha fijado.

Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Tanto tiempo como sea necesario.
  • Utiliza las palabras sólo al comienzo, y únicamente para recordarte a ti mismo que estás intentando ir más allá de ellas.
  • Deja el resto de la lección al Espíritu Santo. Ponle a Él a cargo de todo. Cualquier cosa que necesites, sea un pensamiento, una palabra, o quietud y serenidad, Él te lo dará.

Recordatorios cada hora: No hay instrucciones concretas.

Recordatorios frecuentes: No hay instrucciones concretas.

Respuesta a la tentación: No hay instrucciones concretas.

Comentario

Durante los próximos días haré el comentario acerca de las “Lecciones Finales” y del “Epílogo” mezclados, pues esta lección es la misma para todos estos cinco días.

Hemos llegado a las Lecciones Finales del año. Hoy y los próximos cuatro días tenemos la misma lección, que nos da las sencillas instrucciones por las que vivir el resto de nuestra vida. El propósito del Libro de Ejercicios es ayudarnos a establecer la costumbre que se describe en esta lección: Entregarle cada instante al Espíritu Santo, ponerle a Él a cargo de todo, comprometernos a seguir Su dirección en todo, sabiendo que siempre nos lleva a la paz.

La Introducción a esta sencilla lección (“Lecciones Finales”) deberíamos leerla cada uno de estos cinco días. Cada día al leerla, junto con la lección, seguimos con un momento de quietud  en el que buscamos un instante santo de unión con nuestro Padre y con Su Voz.

No buscamos palabras:

En nuestras lecciones finales utilizaremos la mínima cantidad de palabras posible. Tan sólo las utilizaremos al principio de nuestras prácticas, y únicamente para que nos recuerden que lo que buscamos es ir más allá de ellas. Dirijámonos a Aquel que nos guía en nuestro camino y que imparte seguridad a nuestros pasos. (L.Fl.In.1:1-3)

Lo que buscamos es esa unión con Él. Nos abrimos a la experiencia de la paz. Le ofrecemos a Él nuestra vida, pidiéndole que nos dirija en “todos nuestros pensamientos al servicio de la salvación” (L.Fl.In.3:1). Estamos aquí para recordar a Dios por medio del perdón a nuestros hermanos, compartiendo Su realidad con todos y cada uno de ellos.

En estos momentos de práctica evitamos las palabras tanto como nos sea posible, pero “si necesito una palabra de aliento, Él me la dará. Si necesito un pensamiento, Él me lo dará también” (1:1-2). Él me dará todo lo que sea necesario. A veces habrá palabras, a veces habrá pensamientos. Y a veces “quietud y una mente receptiva y serena” (1:3). Venimos a Él y esperamos a que nos dé lo que necesitamos. No Le decimos lo que necesitamos, eso se lo dejamos a Él.

Cada día podemos empezar así. Y a menudo, durante el día, siempre que nos sea posible nos detenemos y una vez más renovamos la postura de nuestra mente, nuestra firme determinación de no tomar ninguna decisión por nuestra cuenta, sin Él. Estas lecciones han sido “un comienzo, no un final” (Epílogo 1:1). Nos han entrenado en la práctica destinada a continuar durante el resto de nuestra vida hasta que toda nuestra vida se convierta en un instante santo.

Hoy siempre que puedas, recuerda estas palabras y repítelas: “Te entrego este instante santo”. Él nunca te fallará.

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