martes, 10 de diciembre de 2013

Leccion 344, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 344

Hoy aprendo la ley del amor: que lo que le doy a mi hermano es el regalo que me hago a mí mismo.

1. Ésa es Tu ley, Padre mío, no la mía. 2Al no comprender lo que signifi­caba dar, procuré quedarme con lo que deseaba sólo para mí. 3cuando contemplé el tesoro que creía tener, encontré un lugar vacío en el que nunca hubo nada, en el no hay nada ahora y en el que nada habrá jamás. 4¿Quién puede compartir un sueño? 5¿Y qué puede ofrecerme una ilu­sión? 6Pero aquel a quien perdone me agasajará con regalos mucho más valiosos que cualquier cosa que haya en la tierra. 7Permite que mis her­manos redimidos llenen mis arcas con los tesoros del Cielo, que son los únicos que son reales. 8Así se cumple la ley del amor. 9Y así es como Tu Hijo se eleva y regresa a Ti.
2. ¡Qué cerca nos encontramos unos de otros en nuestro camino hacia Dios! 2¡Qué cerca está Él de nosotros! 3¡Qué cerca el final del sueño del pecado y la redención del Hijo de Dios!

"COMENTARIOS A LAS LECCIONES" de Robert Perry y Ally Watson
Comentario

¿Y si nos diéramos cuenta de que lo que damos a otros es lo que nos quedará al final? ¿Y si reconociéramos que todo lo que intentamos conservar sólo para nosotros se perderá? ¿Cómo cambiaría eso el modo en que vivimos?

La lección se refiere a nuestros regalos de amor y perdón más que a algo físico, aunque lo físico a menudo representa ese amor. “Pero aquel a quien perdone me agasajará con regalos mucho más valiosos que cualquier cosa que haya en la tierra” (1:6). El Curso nos enseña que todo es una idea; y las ideas cuando se dan, únicamente aumentan, no  perdemos nada al darlas. Por otra parte, cuando intentamos guardar nuestro cariño para nosotros solos, terminamos con las manos vacías: “Y cuando contemplé el tesoro que creía tener, encontré un lugar vacío en el que nunca hubo nada, en el no hay nada ahora y en el que nada habrá jamás” (1:3). Únicamente lo que se comparte es real porque únicamente la Unidad es la realidad, y la separación es ilusoria. No podemos tener algo sólo para nosotros porque no estamos solos.

¿Cómo nos elevamos y regresamos a Dios?” (1:9). Perdonando a nuestros hermanos (1:6-8). Cada uno de los que perdono llena “mis arcas con los tesoros del Cielo, que son los únicos que son reales” (1:7). Hay un corto poema que aprendí hace años en la época de mi fundamentalismo cristiano que dice:

Sólo una vida, que pronto habrá terminado,
Sólo lo que se Le da a Cristo durará.

Sólo el amor es real. Sólo el amor es eterno.

¡Qué cerca nos encontramos unos de otros en nuestro camino hacia Dios! ¡Qué cerca está Él de nosotros! ¡Qué cerca el final del sueño del pecado y la redención del Hijo de Dios! (2:1-3)

No creo que todavía tenemos una idea de lo estrechamente que estamos unidos unos a otros, o de lo cerca que estamos unos de otros. Cada vez que eliges escuchar la Voz de Dios en lugar de la del ego, por muy poco que sea, me ayudas en mi camino a Dios. Cada vez que abro los ojos a la visión de Cristo, tú ves un poco mejor. Tú y yo y todos nosotros somos realmente uno. Como dice la Lección 19: “No soy el único que experimenta los efectos de mis pensamientos”. Si hoy estoy dispuesto a ver a otro como completo, le ayudo en el camino a Dios al recordarle Quien es realmente, y literalmente me he ayudado a mí mismo del mismo modo porque nuestras mentes están unidas. ¡Cuántas oportunidades nos esperan a cada uno de nosotros hoy! ¡Qué impaciente estoy de extender el perdón por todo el mundo!

2 comentarios: