lunes, 9 de diciembre de 2013

Leccion 343, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 343

No se me pide que haga ningún sacrificio para encontrar la misericordia y la paz de Dios.

1. El final del sufrimiento no puede suponer una pérdida. 2El regalo de lo que lo es todo tan sólo puede aportar ganancias. 3Tú sólo das. 4Nunca quitas. 5me creaste para que fuese como Tú, de modo que el sacrificio es algo tan imposible para mí como lo es para Ti. 6Yo también no puedo sino dar. 7Y así, todas las cosas me son dadas para siempre. 8Aún soy tal como fui creado. 9Tu Hijo no puede hacer sacrificios, pues es íntegro, al ser su función completarte a Ti. 10Soy íntegro por ser Tu Hijo. 11No puedo perder, pues sólo puedo dar, y así, todo es mío eternamente.
2. La misericordia y la paz de Dios son gratuitas. 2La salvación no cuesta nada. 3Es un regalo que se debe dar y recibir libremente. 4Y esto es lo que vamos a aprender hoy.

"COMENTARIOS A LAS LECCIONES" de Robert Perry y Ally Watson
Comentario

La idea de pérdida y sacrificio le es completamente ajena al Curso. Nos dice “El sacrificio es una noción que Dios desconoce por completo” (T.3.I.4:1). Como señala la primera línea de la lección, ¿cómo podría ser un sacrificio el final del sufrimiento? ¿Cómo puede obtenerse la felicidad por medio del sacrificio? Es ridículo cuando piensas en ello y, sin embargo, durante siglos muchas religiones han creído que para encontrar la misericordia de Dios tienes que renunciar a algo, normalmente algo valioso. Tienes que sufrir para alcanzar el Cielo. Tienes que pagar por tus equivocaciones.

El Cielo, o la salvación, tienen que ser sólo ganancia. ¿Cómo podría ser una pérdida y seguir siendo el Cielo? Voy a decir a mi Padre:  

Tú sólo das. Nunca quitas. Y me creaste para que fuese como Tú, de modo que el sacrificio es algo tan imposible para mí como lo es para Ti. Yo también no puedo sino dar. (1:3-6)

Y lo que Dios da, lo da para siempre.

Aún soy tal como fui creado. Tu Hijo no puede hacer sacrificios, pues es íntegro, al ser su función completarte a Ti. (1:8-9)

No puedo perder lo que soy, no puedo sacrificar algo valioso y quedarme incompleto porque eso estaría en contra de mi función de completar a Dios. Para que Dios esté completo (lo cual por supuesto está, siendo Dios) yo debo estar completo, pues ¡Él me creó para completarle a Él! Por lo tanto, no puedo hacer sacrificios, debo permanecer completo.

Estamos acosados por la idea de que de algún modo tenemos que ganarnos la misericordia y la paz de Dios. Especialmente cuando me he desviado por alguna maniobra del ego, siempre me siento como si tuviera que “pasar por algo” para encontrar mi camino de vuelta. Necesito tener un verdadero periodo de remordimiento y de sentirme culpable. ¡Al menos tengo que dormir para reponerme! No parece correcto pasar inmediatamente de la locura del ego a un estado de paz y dicha sin pagar antes algún tipo de castigo. Sin embargo

 La misericordia y la paz de Dios son gratuitas. La salvación no cuesta nada. Es un regalo que se debe dar y recibir libremente. Y esto es lo que vamos a aprender hoy. (2:1-4)

Ya que la misericordia y la paz de Dios son gratuitas están disponibles de inmediato en cada instante. Sólo necesito estar dispuesto a darlas y a recibirlas libremente.

En este instante, ahora mismo, voy a darme misericordia a mí mismo. Voy a ver el corazón del niño en dolor por lo que ha hecho, y voy a extenderle por encima misericordia como si fuese un manto caliente. Hoy voy a aceptarme con amor y afirmar de nuevo mi propia inocencia. ¿Qué he olvidado quien soy? No pasa nada. ¿Qué me he enfadado con un hermano? Sigo mereciendo misericordia y paz. ¿Qué he traicionado a un amigo? Dios sigue considerándome Su Hijo. No se me pide ningún sacrificio ni ningún castigo, ni siquiera un tiempo “decente” de lamentaciones. Puedo sencillamente y con total confianza abrir mi mente a mi Amigo y darle la bienvenida. Puedo regresar a casa con Dios. ¿A qué estoy esperando? Voy a ir ahora mismo a Él. 
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1 comentario:

  1. Que linda página, claro que sigo a diario UCDM... Gracias maestros amorosos por su compromiso y por llevarnos de la mano a casa... Bendiciones infinitas.

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