domingo, 8 de diciembre de 2013

Leccion 342, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 342

Dejo que el perdón descanse sobre todas las cosas, pues de ese modo es como se me concederá a mí.

1. Te doy gracias, Padre, por el plan que ideaste para salvarme del infierno que yo mismo fabriqué. 2No es real. 3Y Tú me has proporcionado los medios para comprobar su irrealidad. 4Tengo la llave en mis manos, y he llegado hasta las puertas tras las cuales se halla el fin de los sueños. 5Me encuentro ante las puertas del Cielo, sin saber si debo entrar y estar en casa. 6No dejes que hoy siga indeciso. 7Quiero perdonar todas las cosas y dejar que la creación sea tal como Tú quieres que sea y como es. 8Quiero recordar que soy Tu Hijo, y que cuando por fin abra las puertas, me olvide de las ilusiones ante la deslumbrante luz de la verdad, conforme Tu recuerdo retorna a mí.
2. Hermano, perdóname ahora. 2Vengo a llevarte a casa conmigo. 3según avanzamos, el mundo se une a nosotros en nuestro camino a Dios.

"COMENTARIOS A LAS LECCIONES" de Robert Perry y Ally Watson
Comentario

Como dice la cuarta frase: “Tengo la llave en mis manos”. El perdón es la llave. Cuando perdono, recibo el perdón, no de Dios como recompensa a mi buena acción (Dios no necesita perdonar pues nunca ha condenado), sino que recibo mi propio perdón. El perdón significa “dejar que la creación sea tal como Tú quieres que sea y como es” (1:7). Es el ego en mi mente el único que ha puesto una ilusión de “pecado” sobre el mundo que me rodea. Cuando miro al mundo con condena, no veo la realidad tal como es. No hay nada que condenar, y ese hecho es mi propia salvación. Si el pecado que creo ver en el mundo está realmente ahí, entonces estoy condenado con el mundo. Únicamente cuando dejo que la creación sea tal como Dios quiere que sea, inocente, puedo liberarme de la condena.
Éste es el plan de Dios para “salvarme del infierno que yo mismo fabriqué” (1:1). Yo inventé el infierno, Dios me da el perdón como medio de escapar de él. Gracias a Dios, el infierno no es real. El Curso dice que “he llegado hasta las puertas tras las cuales se halla el fin de los sueños” (1:4). Tengo el perdón, la llave, en mis manos. “Me encuentro ante las puertas del Cielo, sin saber si debo entrar y estar en casa” (1:5). Hoy, en cada instante en que me enfrente a la elección entre el juicio y el perdón, entre el asesinato y un milagro, me encuentro ante esa puerta, sujetando la llave en mis manos, preguntándome si debería entrar.
No dejes que hoy siga indeciso. Quiero perdonar todas las cosas y dejar que la creación sea tal como Tú quieres que sea y como es. Quiero recordar que soy Tu Hijo, y que cuando por fin abra las puertas, me olvide de las ilusiones ante la deslumbrante luz de la verdad, conforme Tu recuerdo retorna a mí. (1:6-8) 
El perdón es la llave, la elección de abrir la puerta es mía. Para abrirla tengo que estar dispuesto a olvidar todas las ilusiones. Tengo que estar dispuesto a abandonar mi inversión en ver mis propios pecados en mi hermano y liberarle.
Hermano, perdóname ahora. Vengo a llevarte a casa conmigo. Y según avanzamos, el mundo se une a nosotros en nuestro camino a Dios. (2:1-3) 
Voy a pensar en estas líneas con cada hermano que me encuentre hoy. “Hermano, perdóname ahora. Vengo a llevarte a casa conmigo”. ¡Que ése sea el modo en que saludo a todos en mi mente! ¡Vayamos todos juntos a casa!

1 comentario:

  1. Hola, gracias por esta hermosa herramienta que nos ofrecen para seguir el curso de milagros. Lo estoy siguiendo diariamente.
    Quería hoy sólo contarles que encuentro que el comentario de la 342 no corresponde a la lección 342, sino es el de la 341...
    Bendiciones ✨

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