sábado, 7 de diciembre de 2013

Leccion 341, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 341

Tan sólo puedo atacar mi propia impecabilidad, que es lo único que me mantiene a salvo.

1. Padre, Tu Hijo es santo. 2Yo soy aquel a quien sonríes con un amor y con una ternura tan entrañable, profunda y serena que el universo te devuelve la sonrisa y comparte Tu Santidad. 3Cuán puros y santos somos y cuán a salvo nos encontramos nosotros que moramos en Tu Sonrisa, y en quienes has volcado todo Tu Amor; nosotros que vivimos unidos a Ti, en completa hermandad y Paternidad, y en inocencia tan perfecta que el Señor de la Inocencia nos concibe como Su Hijo: un universo de Pensa­miento que le brinda Su plenitud.
2. No ataquemos, pues, nuestra impecabilidad, ya que en ella se encuentra la Palabra que Dios nos ha dado. 2en su benévolo reflejo nos salvamos.

Comentario

Cuando ataco a alguien, me ataco a mí mismo. Cuando veo pecado en otro, ataco mi propia inocencia, y sólo mi inocencia me mantiene a salvo. Dios dice que yo soy inocente, ¿quién soy yo para no estar de acuerdo?

Yo soy aquel a quien sonríes con un amor y con una ternura tan entrañable, profunda y serena que el universo te devuelve la sonrisa y comparte Tu Santidad. (1:2)

Entonces, ¡qué absurdo atacar, cuando cualquier ataque es un ataque a lo que yo soy! ¡Qué absurdo atacar la maravilla que soy en una tonta búsqueda de otra identidad sin importancia! ¿Por qué poner en peligro mi experiencia de la profunda ternura de Dios?

… moramos en Tu Sonrisa… (1:3)

¡Que pensamiento más maravilloso! A veces he encontrado una persona cuya sonrisa era tan radiante que sentí que me inundaba. ¡Imagínate inundado por la sonrisa de Dios! ¡Que cariñoso amor irradia esa sonrisa! Voy a pasar un rato disfrutando de su resplandor compasivo.

Vivimos unidos a Él “en completa hermandad y Paternidad” (1:3). La unidad que disfrutamos no es sólo con el Padre sino también con todos nuestros hermanos. Éste es el estado que está destinado para nosotros para siempre. Es el estado en el que siempre estamos, si estamos dispuestos a disfrutar de él y a dejar a un lado cada pensamiento de ataque. “El Señor de la Inocencia nos concibe como Su Hijo: un universo de Pensa­miento que le brinda Su plenitud” (1:3). Como Hijo Suyo, únicamente podemos ser la inocencia misma. Mi ataque sólo amenaza mi consciencia de esta perfecta inocencia.

No ataquemos, pues, nuestra impecabilidad, ya que en ella se encuentra la Palabra que Dios nos ha dado. Y en su benévolo reflejo nos salvamos. (2:1-2)

5 comentarios:

  1. Bendiciones Mich!! Gracias por acompañarme en este camino a la salvacion

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  2. No podemos atacar nuestra impecabilidad, pues, no somos pecadores. Somos hijos de Dios. 🙏

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  3. Cuán puros y santos somos y cuán a salvo nos encontramos nosotros que moramos en Tu Sonrisa. Gracias infinitas.

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