viernes, 6 de diciembre de 2013

Leccion 340, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 340

Hoy puedo liberarme de todo sufrimiento.

1. Padre te doy las gracias por el día de hoy y por la libertad que estoy seguro me ha de brindar. 2Hoy es un día santo, pues hoy Tu Hijo será redimido. 3Su sufrimiento ha terminado. 4Pues él oirá Tu Voz exhortán­dole a que busque la visión de Cristo a través del perdón y se libere para siempre de todo sufrimiento. 5Gracias por el día de hoy, Padre mío. 6Vine a este mundo sólo para llegar a tener este día, así como la alegría y libertad que encierra para Tu santo Hijo y para el mundo que él fabricó, el cual hoy se libera junto con él.
2. ¡Regocíjate hoy! 2¡Regocíjate! 3Hoy no hay cabida para nada que no sea alegría y agradecimiento. 4Nuestro Padre ha redimido a Su Hijo en este día. 5Ni uno solo de nosotros dejará de salvarse hoy. 6No habrá nadie que no esté a salvo del miedo ni nadie a quien el Padre no acoja en Su regazo, despierto ahora en el Cielo, en el Corazón del Amor.

"COMENTARIOS A LAS LECCIONES" de Robert Perry y Ally Watson
Comentario

A partir de la Lección 221 del Libro de Ejercicios, se pretende que las lecciones sean pequeñas introducciones a los instantes santos de experiencia directa de la verdad. Como dice la Introducción a la Segunda Parte del Libro de Ejercicios: 

Lo que nos proponemos ahora es que los ejercicios sean sólo un preámbulo. Pues aguardamos con serena expectación a nuestro Dios y Padre. (L.pII.In.2:1-2)

Diremos más bien algunas palabras sencillas a modo de bienvenida, y luego esperaremos que nues­tro Padre Se revele a Sí Mismo, tal como ha prometido que lo hará. (L.pII.In.3:3)

Expresaremos las palabras de invitación que Su Voz sugiere y luego esperaremos a que Él venga a nosotros. (L.pII.In..4:6)

Las “palabras de invitación”  parecen referirse a las oraciones de cada lección (en cursiva). La idea es que leamos la lección y pensemos en ella un minuto o dos. Luego, repetimos la oración que invita a Dios a unirse a nosotros. Al trabajar con estas lecciones, he descubierto un beneficio que va en aumento cada vez más al poner mi atención en estas oraciones y hacerlas muy personales. Luego, esperamos, en silencio, hasta que seamos conscientes de la Presencia de Dios con nosotros. Ése es el propósito de los ejercicios.

Hoy puedo liberarme de todo sufrimiento. (Título de la lección)

Que me recuerde a mí mismo esto. Liberarme del sufrimiento es mi elección. Hoy tengo la posibilidad de ser libre. Cuando escucho la Voz de Dios dirigiéndome para encontrar la visión de Cristo por medio del perdón, me liberaré para siempre de todo sufrimiento (1:4). Voy a pensar en eso durante un momento, hacer la oración que se me da aquí, y luego sentarme en silencio y esperar, escuchando, abriendo mi mente a esa visión.

Todavía no vivo con esa visión, sólo de vez en cuando. A mí me parece que todavía me queda un trecho. Así que espero. Vacío mi mente, la dejo a Su disposición y Le pido que me llene con esa visión y que la aumente en mi mente.

Vine a este mundo sólo para llegar a tener este día, así como la alegría y libertad que encierra para Tu santo Hijo y para el mundo que él fabricó, el cual hoy se libera junto con él. (1:6)

Alcanzar la visión de Cristo es la razón por la que estoy aquí, vine a este mundo sólo para eso. ¡Tal vez hoy! Me abro a ella, libero a mi mente de todos los pensamientos de menor importancia y Te ofrezco mi mente. En este instante santo puedo alcanzar esa liberación. Tal vez no dure más que unos minutos o unos segundos. Tal vez venga a mi mente y permanezca conmigo todo el día. La salvación ya se ha logrado, y puedo hacerme consciente de ello ahora mismo. Aunque lo olvide dentro de diez minutos, aunque “pierda” esa consciencia, el recuerdo permanecerá y me sostendrá, transformando mi día de lo que hubiera sido si no hubiera pasado esos momentos Contigo. Por eso me dedico a ello en este momento, a recordarlo.

Todos recordaremos. Dios nos reunirá a todos en Él Mismo, y juntos despertaremos en el Cielo en el Corazón del Amor (2:5-6). ¡Anímate, alma mía! El resultado es tan seguro como Dios. El camino puede parecer largo a veces, pero el final es seguro, y mi corazón no tiene por qué estar ansioso. Estoy contento en este momento por estar Contigo. No necesito nada más. “Hoy no hay cabida para nada que no sea alegría y agradecimiento” (2:3), y sólo esto acepto en mi santa mente hoy.  


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