martes, 3 de diciembre de 2013

Leccion 337, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 337

Mi impecabilidad me protege de todo daño.

1. Mi impecabilidad garantiza mi perfecta paz, mi eterna seguri­dad y mi amor, imperecedero; me mantiene eternamente a salvo de cualquier pensamiento de pérdida y me libera completamente del sufrimiento. 2Mi estado sólo puede ser uno de felicidad, pues eso es lo único que se me da. 3¿Qué debo hacer para saber que todo esto me pertenece? 4Debo aceptar la Expiación para mí mismo, y nada más. 5Dios ha hecho ya todo lo que se tenía que hacer. 6lo que tengo que aprender es a no hacer nada por mi cuenta, pues sólo necesito aceptar mi Ser, mi impecabilidad, la cual se creó para mí y ya es mía, para sentir el Amor de Dios protegiéndome de todo daño, para entender que mi Padre ama a Su Hijo y para saber que soy el Hijo que mi Padre ama.
2. Tú que me creaste en la impecabilidad no puedes estar equivocado con respecto a lo que soy. 2Era yo quien estaba equivocado al pensar que había pecado, pero ahora acepto la Expiación para mí mismo. 3Padre, mi sueño termina ahora. 4Amén.

Comentario

Ésta es una lección acerca de aceptar la Expiación y nada más. Afirma que hay realmente sólo dos pasos para la felicidad completa (1:4-6).

(1)   Darme cuenta de que no tengo que hacer nada por mí mismo.
(2)   Aceptar lo que Dios ya ha hecho.

Toda la agitación y la inquietud que sentimos al empezar un camino espiritual proceden de pensar que nos falta algo (que es no ver el paso 2) y que por lo tanto tenemos que hacer algo (que es no ver el paso 1).

Nos sentimos desgraciados, por lo tanto pensamos que nos falta felicidad y empezamos a buscarla. La tristeza no es un estado de carencia. Es un estado de negación. Estamos enérgicamente negando la felicidad, que es nuestro estado natural. Estamos impidiendo la consciencia de la presencia del Amor. Estamos tapando la dicha de nuestra naturaleza creada, de simplemente Ser, con una capa mugrienta de insatisfacción. Pensamos que la solución es hacer algo, en realidad la solución es dejar de hacer algo, poner fin a la actividad que está ocultando nuestra felicidad.

Ése es uno de los valores de la meditación. Cuando voluntariamente ponemos fin a nuestra actividad mental, a menudo nos sentimos felices de repente. Eso es porque somos siempre felices, pero estamos continuamente causando tristeza con nuestros pensamientos. Detén todos los pensamientos y la felicidad está siempre ahí. Elimina las nubes y el sol está siempre ahí.

Nos hemos enseñado a nosotros mismos que somos esta actividad mental continua. Abandonar esa actividad es la mayor amenaza para el ego. Tenemos miedo de que si abandonamos esa actividad no queda nada, eso nos dice el ego. ¡El ego miente descaradamente!

Todo lo que tenemos que hacer es dejar de hacer. Lo que somos, sin ninguna actividad de ningún tipo, es suficiente para mantener la felicidad constante y perfecta. 
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