miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿Qué es la creación?

Ésta pregunta es una que a menudo se hacen los alumnos del Curso. El Curso habla a menudo de “tus creaciones”, y sin embargo parece que nunca dice exactamente y claramente lo que son esas creaciones. Nos dice que nuestro proceso de creación continúa intacto a pesar de que no somos conscientes de nuestras creaciones, y que todas ellas las guarda a salvo el Espíritu Santo. Hay una descripción de nosotros entrando al Cielo y recibiendo la bienvenida de nuestras creaciones, como si fueran seres vivos.

Tenemos una idea fundamental equivocada que nos hace difícil entender lo que son las creaciones. Por ejemplo, creemos que Dios creó este mundo. Por lo tanto, cuando pensamos en la creación, pensamos en algo físico y material. Pensamos que nuestras creaciones son algo de este mundo. Sin embargo, el Curso nos dice claramente que todo este mundo es una ilusión, una creación falsa de nuestra mente. ¿Cómo podrían estar aquí nuestras creaciones?

Entonces, mis creaciones no pueden ser algo como un libro que escribo, una relación que establezco, una familia o un negocio. Mis creaciones no son objetos que se pueden tocar. Tienen que ser pensamientos. 

La creación es la suma de todos los Pensamientos de Dios, en número infinito y sin límite alguno en ninguna parte. (1:1)

“Pensamientos” está en mayúscula, así que sabemos que se refieren al Hijo de Dios. El Cristo. De nuevo, no estamos acostumbrados a considerar iguales a los pensamientos y a los seres vivos. No pensamos en los pensamientos como seres que están vivos, no pensamos en los seres vivos como “sólo” pensamientos. El Curso nos enseña que somos únicamente pensamientos en la Mente de Dios. Inmediatamente suponemos algún tipo de existencia material cuando pensamos en un ser vivo. A lo largo de todo el Curso se nos está intentando enseñar que los seres vivos son ciertamente pensamientos, espíritu, nada relacionado con lo material. “No eres un cuerpo” (L.91.5:2) significa más que una simple advertencia de no estar limitados por el cuerpo, significa que somos algo completamente diferente a lo material. La parte esencial de nosotros no es materia en absoluto. Somos espíritu. Somos pensamiento.

Sólo el Amor crea, y únicamente a Su semejanza. (1:2)

De todo esto debería estar claro que “creaciones” son “pensamientos de amor”. Si sólo el Amor crea, las creaciones deben ser los efectos del Amor. Si las creaciones son pensamientos, entonces tienen que ser pensamientos de amor.

“Sólo el Amor crea, y únicamente a Su semejanza. El Amor siempre crea más amor. Me parece que la creación es algo circular, como un campo de energía que se mantiene a sí mismo, cada parte apoyando a la otra, un ciclo de creación sin fin.

El Curso nos enseña que Dios, al ser Amor, no tiene otra necesidad que la de extenderse a Sí Mismo. Puesto que somos extensiones de Su Ser, tenemos la misma necesidad única: “Puesto que el amor se encuentra en ti, no tienes otra nece­sidad que extenderlo” (T.15.V.11:3)

Al igual que tu Padre, tú eres una idea. Y al igual que Él, te puedes entregar totalmente sin que ello suponga ninguna pérdida para ti y de ello sólo se puedan derivar ganancias. (T.15.VI.4:5-6)


Esto es lo que aprendemos en la experiencia del instante santo. Somos pensamientos de Amor, sin otra necesidad que la de extender amor. En nuestras relaciones, estamos aprendiendo a abandonar nuestras necesidades “personales” imaginarias, y a dedicar nuestras relaciones a “la única necesidad que los Hijos de Dios comparten por igual”: la extensión del amor. A través de este reflejo del amor en la tierra, aprendemos a ocupar de nuevo nuestro lugar en la creación eterna del Cielo.

Jamás hubo tiempo alguno en el que todo lo que creó no existiese. Ni jamás habrá tiempo alguno en que nada que haya creado sufra merma alguna. (1:3-4)

Es muy difícil, si no imposible, que nuestra mente entienda algo que está fuera del tiempo. Podemos imaginarnos la idea, pero sentirla está más allá de nuestra mente que piensa únicamente en cosas relacionadas con el tiempo. Las creaciones del Amor están más allá del tiempo, siempre lo han estado, y siempre lo estarán. No hay un antes y un después del Amor y de Sus creaciones, es un eterno ahora.

Pensamos en la creación como traer a la existencia algo que antes no existía. Pero la idea del Curso acerca de la creación es algo que siempre está completo y que siempre existe ahora. Toda la creación siempre ha estado ahí, y siempre lo estará, y sin embargo la creación es continua. La creación es un aumento constante de Ser, nunca menos, nunca más, nunca viejo y siempre renovado. “Los Pensamientos de Dios han de ser por siempre y para siempre exactamente como siempre han sido y como son: inalterables con el paso del tiempo, así como después de que éste haya cesado” (1:5). Está diciendo, en otras palabras: “Soy tal como Dios me creó” (L.94, L.110, L.162). Tú y yo somos esas creaciones “inalterables con el paso del tiempo, así como después de que éste haya cesado”. No somos seres en construcción, con nuestra realidad en el futuro todavía; tampoco somos seres de corrupción con nuestra pureza desaparecida. Lo que somos ya es ahora, lo era antes del tiempo, y lo será cuando se acabe el tiempo. Lo que cambia no forma parte de mí. Vernos a nosotros mismos como creaciones de Dios es liberarnos a nosotros mismos de la tiranía del tiempo.

Tú y yo somos esas creaciones de Dios “inalterables con el paso del tiempo, así como después de que éste haya cesado”

Padre, busco la paz que Tú me diste al crearme. Lo que se me dio entonces tiene que encontrarse aquí ahora, pues mi creación fue algo aparte del tiempo y aún sigue siendo inmune a todo cambio. La paz en la que Tu Hijo nació en Tu Mente aún resplandece allí sin haber cam­biado. Soy tal como Tú me creaste. (L.230.2:1-4)

Los “Pensamientos de Dios” se refieren a nosotros, los Pensamientos de Dios. La creación esla suma de todos los Pensamientos de Dios” (1:1), la suma total de todos los seres del tiempo.

El Curso hace una afirmación sorprendente aquí: “Los Pensamientos de Dios poseen todo el poder de su Creador” (2:1). En la Biblia se cuenta que Jesús lo dijo hacia el final de su vida: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18). El Curso dice que todo poder se nos da a nosotros como la Filiación, no sólo a Jesús. Lo que esto quiere decir es que Lo que Dios puede hacer, nosotros podemos hacerlo. Somos Sus extensiones. Por lo tanto, tal como Él crea, nosotros creamos también.

La razón por la que Dios comparte Su poder con nosotros es que “Él quiere incrementar el Amor extendiéndolo” (2:2). En otras palabras, tenemos el poder de extender amor. Una definición corta de “creación” podría ser la “extensión de amor”. Pero la forma del amor que compartimos en este mundo no es la realidad del Amor, es sólo un reflejo del Amor del Cielo. Nuestra experiencia del amor aquí en la tierra es siempre el intercambio de amor entre seres separados, en el Cielo es la consciencia de la perfecta unidad. Sólo podemos imaginar lo que es ese amor. Podemos tener atisbos de él en el instante santo, cuando las barreras entre las mentes parecen desaparecer. En ese instante, hay una consciencia de que la otra persona eres tú y de que tú eres la otra persona. Tú eres el amor en “ti” extendiéndose a ellos, tú eres el amor en “la otra persona” extendiéndose a “ti”, y tú eres el amor en ti amándote a ti mismo. Puede ser una experiencia que desorienta porque literalmente empiezas a perder la pista de quien eres como individuo, y al mismo tiempo te vuelves consciente de algo mucho mayor y que lo abarca todo, y eso es lo que eres.

Esas experiencias son maravillosas, y el Curso no desanima a que se pidan. Pero lo más importante que hay que entender aquí es que la Creación, tal como el Curso habla de ella, no es una experiencia terrenal sino una experiencia del Cielo. Es algo que está sucediendo todo el tiempo, y nuestro sueño de separación no ha interrumpido la creación en absoluto. Nuestra ilusión de separación no ha estropeado o perdido nada. Por eso el Curso puede decirnos como en el tema de la última semana (El Juicio Final), que el Juicio Final de este mundo es:

“sin propósito alguno. Y al no tener causa ni función ante los ojos de Cristo, simplemente se disuelve en la nada”. (L.pII.10.2:2-3)

Si la Creación en el Cielo significa la extensión de Amor, ¿cuál es su semejante en nuestra experiencia en la tierra? El Curso dice que el reflejo del Amor en la tierra es el perdón. Pienso que el perdón es reconocer a la creación, en lugar de crear realmente.  

Lo que Dios ha dispuesto que sea uno eternamente, lo seguirá siendo cuando el tiempo se acabe, y no cambiará a través del tiempo, sino que seguirá siendo tal como era antes de que surgiera la idea del tiempo. (2:4)

Dios ha dispuesto que toda la creación sea una Por lo tanto, es una. El tiempo no puede cambiar nada de lo que Dios creó. El tiempo y el cambio parecen estar estrechamente relacionados: cambio es lo que produce el paso del tiempo, y parece imposible que pase el tiempo sin que haya cambios. Es imposible que la creación de Dios pueda cambiar. La creación de Dios está completamente fuera del tiempo, y el tiempo es sólo una ilusión, un sueño en el que el cambio es posible.

Lo que somos juntos, como el Hijo de Dios, existía antes de que surgiera la idea del tiempo, todavía existe durante el aparente paso del tiempo, y seguirá existiendo como uno cuando se acabe el tiempo. El Hijo de Dios no se ve afectado por lo que parece ocurrir en el tiempo, tal como el sol no se ve afectado porque yo pase algunos de sus rayos a través de una lupa y los desvíe de su camino, o como el océano no se ve afectado por un niño que arroja un palo al agua. En otras palabras, nada le afecta. Ése es el poder de la Creación. Nada puede cambiarla, es inmutable. Por lo tanto, soy inmutable cuando reconozco a mi Creador.

Tu Ser se alza radiante en este santo júbilo, inalterado e inalterable por siempre jamás. (L.190.6:5)  

La creación es lo opuesto a todas las ilusiones porque es la ver­dad. (3:1)
La teoría general del Curso acerca de la creación mantiene como fundamentales ciertos hechos: sólo lo creado por Dios es real, verdadero y eterno. Por lo tanto, cualquier cosa que no es eterna y que cambia no es real ni verdadera. Basándose en esto, el Curso concluye que todas las cosas de este mundo (la Tierra misma, todo el universo físico, nuestros cuerpos y nuestra aparente “vida” aquí en la Tierra) no pueden ser creaciones de Dios porque no son eternas y porque cambian. Todo lo que podemos ver con nuestros ojos, incluso las estrellas eternamente jóvenes, tiene un fin. Lo que tiene fin no es real, en el sentido que el Curso le da a esta palabra. Todo ello, cada parte de ello, entra en la categoría de “ilusiones”.

Además, la creación de Dios es holográfica: “cada parte contiene la Totalidad” (3:2). Ésta es una lógica que no obedece a la lógica basada en la materia. La semejanza más cercana que conozco es el holograma. Cuando se ha atrapado una imagen holográfica en una placa fotográfica, la luz que se proyecte sobre la placa producirá una imagen en tres dimensiones del holograma. Si es la foto de una manzana, será una manzana en tres dimensiones y puedes ver distintos ángulos de la manzana moviendo el ángulo de luz que brilla sobre la foto. Si esa placa holográfica se rompe en cuatro trozos, no te quedas con cuatro imágenes de partes de una manzana, en lugar de eso, tienes cuatro imágenes más pequeñas de la manzana entera. La totalidad está en cada parte.

Algo así es la creación de Dios. Divídela como quieras, y la Totalidad de la creación sigue reflejándose en cada parte. Toda la creación está en ti, y en mí. La “totalidad completa” de la creación es a lo que el Curso llama “el santo Hijo de Dios” (3:2). La Voluntad de Dios está completa en cada aspecto (otra palabra que se refiere a “parte”, el Curso a menudo utiliza palabras diferentes para “parte” como “aspecto” o “fragmento”, pero lo que da por sentado siempre es que cada aspecto contiene todo. La palabra se refiere a lo que llamamos “individuos” o “personas”). Tú eres un aspecto o parte del Hijo de Dios, pero al mismo tiempo eres Todo.

Un síntoma de nuestra creencia equivocada en la separación es que nos hemos identificado tanto con nuestra “parte” que hemos perdido el contacto con el Todo. Por ejemplo, yo suelo pensar en mí como Allen Watson. Tú sueles pensar en ti como tu individualidad. De hecho, nuestra realidad original es un Ser compartido, una Totalidad. Gran parte del proceso de aprendizaje a lo largo del Curso nos lleva a cambiar esa identificación de “parte” a Totalidad. El entorno de aprendizaje de la relación santa está planeado para romper nuestra sensación de aislamiento, o “parte”, y para fortalecer nuestra identificación con el Todo, al demostrarnos que lo que pensamos como “la otra persona” en la relación es, de hecho, una parte de nuestro Ser compartido. Tenemos los mismos pensamientos. Lo que afecta a uno le afecta al otro. Lo que yo pienso te afecta, y a la inversa. Lo que te doy, me lo doy a mí mismo. Cuando te perdono, yo me libero. Cuando se rompe esta idea de “parte” y se da uno cuenta de la Totalidad en la relación santa, empieza a generalizarse y extenderse a todos los otros “aspectos”de la creación, todo lo que antes creía que “no era yo”.  

 La inviolabilidad de su unicidad (de la Creación) está garantizada para siempre, perennemente a salvo dentro de Su santa Voluntad, y más allá de cualquier posibilidad de daño, separación, imperfección o de nada que pueda mancillar en modo alguno su impecabilidad. (3:3)

Por ponerlo en una frase corta y sencilla: la separación es imposible. Lo que Dios creó Uno jamás puede convertirse en partes separadas, esto sólo puede parecer que ocurre en ilusiones locas. La Totalidad o Unidad es la expresión de la Voluntad de Dios, y nada puede oponerse a esto porque no existe nada que se oponga. Todo lo que existe es parte de esta Unidad, parte de esta expresión única de la Voluntad de Dios. No hay otra, ningún oponente, ningún enemigo, ninguna voluntad en contra. Dios no creó nada que se oponga a Sí Mismo. ¿Cómo podría crear la Voluntad de Dios algo que se opusiera a Su propia Voluntad? Por lo tanto, todo lo que es verdaderamente real tiene que ser una expresión de Su Voluntad. 

La Totalidad está “más allá de cualquier posibilidad de daño” porque no existe nada que se oponga a ella. Ésta es una de las características de lo que se llama cosmología “no-dual”. “No-dual” significa que no hay dos sino sólo uno. No hay opuesto a Dios ni a la creación una de Dios.

El Curso dice a menudo que si existiese un opuesto a Dios, si fuera posible el pecado (que se opone a la Voluntad de Dios), entonces Dios habría creado Su propio opuesto, y estaría loco. Si pensamos eso, es que nosotros estamos locos. O Dios está loco, o lo estamos nosotros. ¿Cuál  de los dos es más probable?

Nosotros, los Hijos de Dios, somos la creación. (4:1)

Existimos. Ya que todo lo que existe es creación de Dios, y la creación es el Hijo de Dios (3:2), tenemos que ser la creación de Dios. Tenemos que ser aspectos de la Totalidad, “Hijos” que son aspectos del Hijo.

“Parecemos estar separados y no ser conscientes de nuestra eterna unidad con Él” (4:2). Toda nuestra experiencia en este mundo nos ha enseñado que estamos separados, que somos seres separados, distintos unos de otros y sin ninguna conexión. Somos conscientes de nuestra parte y dejamos aparte nuestra Totalidad, “nuestra eterna unidad con Él”. Sin embargo, sólo “parece” que somos seres separados, en realidad no lo somos. Nuestra lucha con el Curso, nuestra lucha con toda espiritualidad verdadera, es la lucha de la locura intentando conservar esta sensación de separación completamente ilusoria. Estamos intentando convertir en “parte” la única verdad acerca de nosotros al dejar fuera la consciencia de la Totalidad. Y al hacerlo, nos aislamos a nosotros mismos de nuestro Ser.



Sin embargo, tras todas nuestras dudas y más allá de todos nuestros temores, todavía hay certeza” (4:3). Dudamos de la Totalidad porque hemos inventado circunstancias (todo este mundo) en el que la “parte” parece ser la única realidad. Tenemos miedo de la Totalidad porque parece amenazar nuestra parte. (En realidad no es así, porque en la Totalidad hay una especie de parte, pero es una parte en la que cada una contiene a la Totalidad, en lugar de dejarla fuera). A pesar de esta locura de identificarnos sólo con la parte, seguimos siendo la Totalidad. La Totalidad sigue sin haber cambiado. No puede ser dividida ni dañada en ningún modo. Por eso, la Totalidad todavía existe y todavía nos llama.

No importa lo fuerte que sea la ilusión de la separación, en cada parte sigue estando la Totalidad. Y la Totalidad, nuestro verdadero Ser, sigue estando seguro de Sí Mismo. Es sólo la parte la que duda y tiene miedo, imaginándose falsamente separada de la Totalidad. Lo que soy, y lo que tú eres (que es Lo Mismo) se conoce a Sí Mismo con un conocimiento lleno de seguridad. Ésa seguridad que está en nuestra Totalidad es con lo que estamos intentando ponernos en contacto. El recuerdo de Dios y de lo que somos está dentro de nosotros, en la Totalidad que hemos negado y dejado aparte en nuestro loco intento de ser partes separadas. Al conectarnos unos con otros nos conectamos con esa Totalidad, y al hacerlo, recordamos a Dios.

El Amor nos creó a Su semejanza. Como partes, cada una de las cuales contiene la Totalidad, somos Pensamientos de Amor. Y “el Amor jamás abandona Sus Pensamientos, y ellos comparten Su certeza” (4:4). La seguridad de Dios es nuestra seguridad. Se nos dio en la creación y todavía está dentro de nosotros, nunca nos ha abandonado, aunque la hemos ocultado. El recuerdo de Dios está en nuestra mente (4:5). Aunque parecemos ser partes separadas, no lo somos; somos partes pero no separadas, como gotitas de agua en el océano. Así que todavía contenemos todo lo que existía en la creación original. Lo que pertenece al océano, pertenece a cada gota. Cada uno de nosotros todavía conserva nuestra unidad con nosotros mismos y con nuestro Creador (4:5).

Que nuestra función sea únicamente permitir el retorno de este recuerdo y que Su Voluntad se haga en la tierra, así como que se nos restituya nuestra cordura y ser solamente tal como Dios nos creó. (4:6)

Nuestro único propósito en la vida es ser esto, únicamente el restablecimiento de la consciencia de nuestra Totalidad y nuestra “parte-en-la-Totalidad”. Por eso es por lo que estamos aquí. Éste es el propósito en toda orientación que nos da el Espíritu Santo en nuestra vida. No estamos aquí para reforzar nuestra parte ni para satisfacer propósitos que pertenecen sólo a la parte. Estamos aquí para dejar que el recuerdo de Dios regrese a nuestra mente consciente, y para cumplir nuestro propósito como extensiones de la Voluntad de Dios.

Nuestro Padre nos llama. (5:1)

“Padre”es igual a “Creador”, Quien nos dio el ser. Quizá, después de este tiempo pensando en lo que es la creación, la palabra “Padre” tiene un poco más de significado para nosotros. Nuestro Padre es Quien nos pensó y nos dio existencia. “Sólo el Amor crea” (1:2), y por eso nuestro Padre es el Amor Mismo, Que nos ha creado como Él Mismo. Él deseó añadir Amor a través de Su extensión, y así de este deseo fuimos creados, para permanecer para siempre en Su santa Voluntad.

¡Ese deseo inmortal de Dios todavía continúa! Con todo ese deseo infinito de Su Voluntad, Él nos llama para que seamos lo que Él creó que fuésemos: la extensión de Su Amor, creando tal como Él lo hace: extendiendo amor, siempre uno con Su santa Voluntad, compartiéndola, glorificándola, irradiándola por cada poro de nuestro ser. El Amor de Dios permanece con nosotros. Nuestra mente Le recuerda, recuerda nuestra función. Desde dentro de nuestra mente Él nos llama, acercándonos con Su Amor a ser el mismo Amor que nos acerca.

Él es nuestro Padre, nuestro Creador. No podemos escapar del hecho de lo que somos. “Soy tal como Dios me creó” (L.110). Él nos llama continuamente, constantemente, con paciencia, sin cesar, y hasta que dejemos nuestro loco intento de ser “algo más”, algo distinto al Amor, y respondamos a Su llamada, sólo podemos retrasar nuestra felicidad y nuestra dicha.

Padre, que hoy oiga Tu Voz llamándome y que conteste. 

Oímos Su Voz y perdonamos a la creación en Nombre de su Creador, la Santidad Misma, Cuya san­tidad Su creación comparte con Él; Cuya santidad sigue siendo todavía parte de nosotros. (5:2)

Su Voz nos llama a “perdonar a la creación”. Hemos mirado a la creación de Dios (nosotros, nuestros hermanos, y todo el resto que forma la creación) y la hemos juzgado. Hemos visto culpa y fealdad donde Dios creó únicamente belleza y santidad. En este mundo no podemos crear de verdad ni extender amor con la pureza que pertenece sólo al Cielo, pero podemos perdonar. Podemos poner fin a la búsqueda de defectos, y quitar nuestro juicio y condena a todo lo que vemos. Cada instante nos ofrece una oportunidad de hacer esto, cada encuentro es una oportunidad para practicar el perdón.

Necesitamos perdonar cualquier cosa que contemplemos sin ver la santidad de Dios en ella. Ver algo distinto a la santidad de Dios reflejada en todo es una falta de perdón, una condena a la creación de Dios. Cuando algo parece no santo, necesitamos pedir ayuda al Espíritu Santo para ver más allá de las apariencias y para poder contemplar la verdad de la santidad de Dios que esas apariencias están ocultando. El pecado es una ilusión, y únicamente la santidad es verdad.

Entonces, todo lo que el Curso nos está enseñando es a reconocer la creación de Dios en todas partes, en todo, y sobre todo en nosotros mismos. La santidad de nuestro Creador sigue siendo parte de nosotros. A cada uno de los que nos encontremos digámosle: 

Quiero con­templarte con los ojos de Cristo, y ver en ti mi perfecta impecabilidad. (L.161.11:8)
  

4 comentarios:

  1. Vine buscando el significado de "mis creaciones" y el ES me entrega este hermoso párrafo, lleno de sabiduria y verdad; lo sé porque asi lo siento en mi corazón.
    Gracias a la persona que escribió y entendió tan claramente el mensaje del Curso de Milagros. Amen.

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    1. Me pasó igual, quien es el escritor de esto ?

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  2. Si gracias, pense que al no tener hijos estaba mal,, gracias por la aclaracion

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  3. Soy artista plástico, mis creaciones son ilusiones, aunque sustentadas por el amor.
    El hermano que escribe ésto y yo somos Uno con todos quienes lo lean. Mi correo : franciscodel_castillo@hotmail.com

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