viernes, 22 de noviembre de 2013

Leccion 326, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 326

He de ser por siempre un Efecto de Dios.

1. Padre, fui creado en Tu Mente, como un Pensamiento santo que nunca abandonó su hogar. 2He de ser por siempre Tu Efecto, y Tú por siempre y para siempre, mi Causa. 3Sigo siendo tal como Tú me creaste. 4Todavía me encuentro allí donde me pusiste.5todos Tus atributos se encuentran en mí, pues Tu Voluntad fue tener un Hijo tan semejante a su Causa, que Causa y Efecto fuesen indistinguibles. 6Que tome con­ciencia de que soy un Efecto Tuyo y de que, por consiguiente, poseo el mismo poder de crear que Tú. 7Y así como es en el Cielo, sea en la tierra. 8Sigo Tu plan aquí, y sé que al final congregarás a todos Tus Efectos en el plácido Remanso de Tu Amor, donde la tierra desaparecerá y todos los pensamientos separados se unirán llenos de gloria como el Hijo de Dios.
2. Veamos hoy la tierra desaparecer, al principio transformada, y después, una vez que haya sido perdonada, veámosla desvane­cerse completamente en la santa Voluntad de Dios.

Comentario

Todo efecto es creado por su causa. La causa determina lo que es el efecto. Si golpeo una bola de billar con mi taco, la bola no tiene nada qué decir respecto a dónde va. El efecto del movimiento de la bola está determinado por el golpe del taco (más alguna otra causa, por ejemplo el estado de la superficie de la mesa, etc.). Así que si soy “un efecto de Dios”, no tengo nada que decir respecto a lo que soy, eso está fijado por mi Causa, Dios. Por eso tiene que ser verdad que “Sigo siendo tal como Tú me creaste” (1:3). No puedo cambiar lo que soy. Dios es “por siempre y para siempre, mi Causa” (1:2). ¿Parece esto anular mi libertad de decisión? Sí, en lo que se refiere a establecer lo que es mi naturaleza. ¡Y gracias a Dios que así es! De otro modo, nos habríamos estropeado a nosotros mismos sin remedio, y habríamos convertido el pecado y el infierno en realidad. Tal como el Curso dice en la Introducción: “Tener libre albedrío no quiere decir que nosotros mismos podamos establecer el plan de estudios”, es decir, decidir lo que tenemos que aprender, sí nos da la libertad de elegir cuándo queremos aprenderlo. Y lo que estamos aprendiendo es lo que realmente somos, tal como Dios nos creó. Eso no puede cambiar.

La Voluntad de Dios es “tener un Hijo tan semejante a su Causa, que Causa y Efecto fuesen indistinguibles” (1:5). ¡Qué afirmación más sorprendente! ¡No somos diferentes a Dios! ¡Cielos! Eso roza la herejía o un orgullo increíblemente desmedido, ¿no? Y sin embargo eso es lo que el Curso nos dice acerca de nosotros mismos, que lo que nosotros somos es de la misma naturaleza de la que Dios está hecho. Si Dios es Amor, también lo es Su Hijo. “Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo” (Lecciones 171 a 180).

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