viernes, 15 de noviembre de 2013

Leccion 319, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 319

Vine a salvar al mundo.

1. He aquí un pensamiento del que se ha eliminado toda traza de arrogancia y en el que sólo queda la verdad. 2Pues la arrogancia se opone a la verdad. 3Mas cuando la arrogancia desaparece, la ver­dad viene inmediatamente y llena el espacio que, al irse el ego, quedó libre de mentiras. 4Únicamente el ego puede estar limitado y, por consiguiente, no puede sino perseguir fines limitados y res­trictivos. 5El ego piensa que lo que uno gana, la totalidad lo pierde. 6La Voluntad de Dios, sin embargo, es que yo aprenda que lo que uno gana se le concede a todos.
2. Padre, Tu Voluntad es total. 2la meta que emana de ella comparte su totalidad. 3¿Qué otro objetivo podrías haberme encomendado sino la salvación del mundo? 4¿Y qué otra cosa sino eso podría ser la Voluntad que mi Ser ha compartido Contigo?

Comentario

El Curso es muy claro aquí acerca de que nuestro propósito, el de cada uno de nosotros, es la salvación del mundo. Éste es muy diferente del propósito para el que el ego vino al mundo, que es encontrar un lugar en el que Dios no pudiese entrar, escondernos de Dios, por así decirlo, y finalmente morir. Pero el Espíritu Santo tiene un propósito diferente para todo lo que ha inventado el ego para sus fatales propósitos. Nuestro propósito aquí es llevar el mundo a la luz al permitir que seamos transformados, convirtiéndonos en extensiones de Dios en el sueño, para despertar a todos nuestros hermanos junto con nosotros.

Decir: “Estoy aquí para salvar al mundo”, que es lo mismo que el título de la lección, nos parece muy arrogante, pero “he aquí un pensamiento del que se ha eliminado toda traza de arrogancia” (1:1). No es arrogante porque es la verdad, esto es para lo que Dios nos creó, y la función que nos dio. Decir lo contrario es arrogante porque se opone a la verdad e intenta inventar un papel para nosotros que no es el nuestro.

Cuando nuestra arrogancia desaparece, “la ver­dad viene inmediatamente” (1:3) para llenar el lugar que ha quedado vacío. Los papeles que nos hemos inventado para nosotros mismos están impidiendo e interfiriendo con la función que Dios nos ha dado. La razón por la que pensar que estamos aquí para salvar al mundo no es arrogante es que “lo que uno gana se le concede a todos” (1:6). Así que, aceptar nuestra función como salvadores significa que lo aceptamos por todos, nuestros hermanos se convierten en nuestros salvadores tal como nosotros nos convertimos en los suyos. Si la Voluntad de Dios es total (2:1), entonces el propósito de Dios debe ser total, debe ser la salvación de todo el mundo (2:3), no sólo la mía y la tuya y la de nuestra hermana Susana.

La Voluntad de Dios es llevar el mundo al hogar a la unidad y, por lo tanto, es “la Voluntad que mi Ser ha compartido Contigo” (2:4). Es también mi voluntad. Estamos aquí para la sanación de todas las mentes. Nuestra voluntad es que todos despierten al amor, y ése es nuestro único propósito de estar aquí.

Vine a salvar al mundo”. Repítete esto a ti mismo, recordártelo es un ejercicio importante. Otro modo de decir esto es: “Estoy aquí únicamente para ser útil”. Que me acuerde de esto hoy. No estoy aquí para hacerme famoso, para hacer dinero, o para lograr cosas pasajeras que considero mis metas. Estoy aquí para ayudar. Estoy aquí para sanar. Estoy aquí para bendecir. Estoy aquí para salvar al mundo. 

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