domingo, 10 de noviembre de 2013

Leccion 314, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 314

Busco un futuro diferente del pasado.

1. De una nueva percepción del mundo nace un futuro muy dife­rente del pasado. 2El futuro se ve ahora simplemente como una extensión del presente. 3Los errores del pasado no pueden ensombrecerlo, de tal modo que el miedo ha perdido sus ídolos e imágenes, y, al no tener forma, deja de tener efectos. 4La muerte no podrá reclamar ahora el futuro, pues ahora la vida se ha con­vertido en su objetivo, y se proveen gustosamente todos los medios necesarios para su logro. 5¿Quién podría lamentarse o sufrir cuando el presente ha sido liberado, y su seguridad y paz se extienden hasta un futuro tranquilo y lleno de júbilo?
2. Padre, cometimos errores en el pasado, pero ahora elegimos valernos del presente para ser libres. 2Ponemos el futuro en Tus Manos, y deja­mos atrás nuestros errores pasados, seguros de que Tú cumplirás las promesas que nos haces en el presente, y de que bajo su santa luz dirigi­rás el futuro.

Comentario

Según el ego, el futuro es sólo el resultado del pasado, es el pasado mismo extendiéndose más allá del presente. Para el ego, el pasado condiciona el futuro. Según el Espíritu Santo: “El futuro se ve ahora simplemente como una extensión del presente” (1:2). Lo que elegimos ver y creer en el ahora determina cómo será el futuro, el futuro no está condicionado por el por el pasado. “Los errores del pasado no pueden ensombrecerlo, de tal modo que el miedo ha perdido sus ídolos e imágenes, y, al no tener forma, deja de tener efectos” (1:3).

Al abandonar el pasado y reconocer que no me puede afectar ahora, atraigo un futuro diferente al pasado. Mi elección de ahora a favor de la salvación, mi voluntad de aceptar la Expiación para mí mismo elimina todo el miedo del pasado. Los “ídolos e imágenes” (1:3) del miedo son cosas como toda la culpa  y todas las falsas percepciones del pasado. Ya no están al alcance del miedo cuando he puesto el pasado en manos de Dios y he aceptado el perdón para mí mismo. Empiezo desde este mismo instante como una pizarra limpia. Sin las formas de los ídolos e imágenes del pasado, el miedo no puede tener efectos.

Basado en la culpa del pasado, mi futuro era una muerte segura. Pero con el pasado libre de “pecado”, y siendo la vida mi objetivo ahora, la muerte no puede reclamarme (1:4). Mi cuerpo físico “morirá” probablemente (a menos que suceda un raro milagro de ser llevado al cielo en un torbellino, como Elías en la Biblia, II Reyes,2), aunque el cuerpo nunca muere porque nunca vive, pero puesto que yo no soy un cuerpo, no moriré y no tendré miedo de la muerte. “Se proveen gustosamente todos los medios necesarios para su logro” (1:4). Cuando mi mente sea corregida y mi meta sea la vida, todo lo que necesito para lograr mi meta me lo proporciona el Espíritu Santo. “Cuando el presente ha sido liberado” de toda culpa y de todo miedo, ese presente extenderá “su seguridad y paz hasta un futuro tranquilo y lleno de júbilo” (1:5).

La clave está en permitir que mi mente sea liberada de la culpa y del miedo en este mismo instante. Puedo practicar esto en el instante santo. Puedo tomar un instante y permitir que la paz y seguridad de las que habla esta lección inunden mi mente. Puedo traerle al Espíritu Santo toda mi culpa, mi sufrimiento, mi dolor, mi ira, y permitir que Él sane mi mente. Cuanto más a menudo haga esto, la paz se extenderá hacia fuera a lo largo del día. Quizá el testimonio más frecuente de las personas que han estado estudiando el Curso durante un tiempo es: “Estoy mucho más en paz de lo que lo he estado en toda mi vida”. Funciona. Y al crecer esa paz en el presente, al pasar cada vez más momentos ahora en esa paz mental, el futuro está cada vez más lleno de gozo.

Que elija valerme del presente para ser libre (2:1). ¿Cuántos de mis momentos presentes paso sufriendo o llorando por el pasado, lamentando cosas que he perdido? ¿Cuántos de mis momentos presentes paso teniendo miedo de algo del futuro? Que elija valerme del presente de manera distinta. Cada vez que sea consciente del presente, que elija usar ese momento para la paz y para nada más. Hacer eso es escaparse del infierno. Dejar el futuro en manos de Dios. Dejar atrás los errores del pasado (2:2). Voy a poner mi vida en las manos de Dios “seguro de que Tú cumplirás las promesas que nos haces en el presente, y de que bajo su santa luz dirigi­rás el futuro” (2:2).

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