sábado, 9 de noviembre de 2013

Leccion 313, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 313

Que venga a mí ahora una nueva percepción.

1. Padre, hay una visión que ve todas las cosas sin mancha alguna de pecado, lo cual indica que el miedo ha desaparecido, y que en su lugar se ha invitado al amor. 2y éste vendrá dondequiera que se le invite. 3Esta visión es Tu regalo. 4Los ojos de Cristo contemplan un mundo perdo­nado. 5Ante Su vista todos los pecados del mundo quedan perdonados, pues Él no ve pecado alguno en nada de lo que contempla. 6Permite que Su verdadera percepción venga a mí ahora, para poder despertarme del sueño de pecado y ver mi impecabilidad en mi interior, la cual Tú has conservado completamente inmaculada en el altar a Tu santo Hijo, el Ser con Quien quiero identificarme.
2. Contemplémonos hoy los unos a los otros con los ojos de Cristo. 2¡Qué bellos somos! 3¡Cuán santos y amorosos! 4Hermano, ven y únete a mí hoy. 5Salvamos al mundo cuando nos unimos. 6Pues en nuestra visión el mundo se vuelve tan santo como la luz que mora en nosotros.


"COMENTARIOS A LAS LECCIONES" de Robert Perry y Ally Watson
Comentario

La visión de Cristo “ve todas las cosas sin mancha alguna de pecado” (1:1). Ésta es una nueva percepción que viene a mí. Yo no voy detrás de ella, la recibo. Me abro a ella y se me da: “Ésta visión es Tu regalo” (1:3). Para ver todas las cosas sin mancha de pecado no tengo que esforzarme, es un regalo que Dios me da. Cuando vea pecado, lo que puedo aprender a hacer es pedir una percepción diferente: “Que venga a mí ahora una nueva percepción”. Puedo querer esta nueva percepción, y quererla es todo lo que se necesita. El resto se te da: “El amor vendrá dondequiera que se le invite” (1:2).

Cristo -que es mi verdadero ser, eterno y que no cambia- “no ve pecado alguno en nada de lo que contempla” (1:5). Ésta no es una visión que mi Ser tenga que conseguir, ya es mía, en Cristo. Todo lo que tengo que hacer es permitir que esa nueva percepción venga a mí. Cuando lo hago, cuando contemplo al mundo y lo veo perdonado, me despertaré del sueño de pecado y veré mi impecabilidad en mi interior” (1:6). Resumido, éste es el mensaje del Curso: ver tu propia inocencia al ver la inocencia del mundo. Encontrar el perdón al perdonar a otros.

Tal como la visión siempre ha sido parte de mi Ser el Cristo, así también la inocencia ha sido guardada a salvo por Dios, “completamente inmaculada en el altar a Tu santo Hijo, el Ser con Quien quiero identificarme” (1:6). Eso es todo lo que estamos haciendo: identificarnos con el Cristo, con algo que ya soy. “La ilumina­ción es simplemente un reconocimiento, no un cambio” (L.188.1:4). No hay que alcanzar nada, ni ir a ningún sitio, ya estamos en Él, y todo lo que se necesita es el reconocimiento de que ya es así, la identificación con lo que siempre ha existido. Dejamos que venga a nosotros una nueva percepción, eso es todo.

Así que, hermanos:

Contemplémonos hoy los unos a los otros con los ojos de Cristo. ¡Qué bellos somos! (2:1-2)


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