viernes, 8 de noviembre de 2013

Leccion 312, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 312

Veo todas las cosas como quiero que sean.

1. La percepción se deriva de los juicios. 2Habiendo juzgado, vemos, por lo tanto, lo que queremos contemplar. 3Pues el único propósito de la vista es ofrecernos lo que queremos ver. 4Es imposible pasar por alto lo que queremos ver o no ver lo que hemos decidido contemplar. 5¡Cuán inevitablemente, pues, se alza el mundo real ante la santa visión de aquel que acepta el propósito del Espíritu Santo como aquello que desea ver! 6No puede dejar de contemplar lo que Cristo quiere que vea, ni de amar con el Amor de Cristo lo que contempla.
2. Mi único propósito hoy es contemplar un mundo liberado, libre de todos los juicios que he emitido. 2Padre, esto es lo que Tu Voluntad dispone para mí hoy, por lo tanto, no puede sino ser mi objetivo también.

Comentario

Ésta lección es la segunda de una pareja. La lección anterior nos decía:”Juzgo todas las cosas como quiero que sean”. Esta lección continúa: “La percepción se deriva de los juicios” (1:1). En este contexto, juicio es lo mismo que interpretación. Primero queremos que una cosa sea verdad, por lo tanto, juzgamos o interpretamos lo que nos rodea de acuerdo con ese deseo, y habiendo juzgado (interpretado), vemos lo que queríamos. “Pues el único propósito de la vista es ofrecernos lo que queremos ver” (1:3). La presentación que el Curso hace de la percepción es firme e insistente:

Ves lo que crees que está ahí, y crees que está ahí porque quieres que lo esté. La percepción no está regida por ninguna otra ley que ésa. (T.25.III.1:3-4)

Si queremos ver el mundo real, lo veremos. Si nos unimos al Espíritu Santo en Su propósito, no podemos “dejar de contemplar lo que Cristo quiere que vea, ni de amar con el Amor de Cristo lo que contempla” (1:6). La clave está en lo que queremos.

No es fácil aceptar que lo que estamos viendo es lo que queríamos, en algún nivel de nuestra mente. El ego tiene una mente enferma, literalmente; los pensamientos y deseos del ego y que no se han reconocido, se manifiestan en el mundo aunque no seamos conscientes de ellos. El mundo es el espejo de nuestra mente, lo que vemos es lo que hemos elegido ver. El mundo no cambia porque tenemos miedo de mirar dentro de nuestra mente y ver los pensamientos que lo han causado. Si miramos los pensamientos en nuestra mente, Él los sanará.

En un seminario de Un Curso de Milagros, Ken Wapnick estaba compartiendo estas líneas, y recuerdo a alguien diciendo que durante la información en televisión acerca del terremoto de California se dio cuenta de que una parte de su mente se sintió decepcionada de que el número de muertos fuera tan bajo. Algo dentro de él quería que hubiera sido más dramático, quería ver más muertos. Recuerdo que una vez me di cuenta de que yo quería que alguien muriese, alguien muy cercano a mí. Fue una gran impresión, pero cuando me permití hacerme consciente de ello, me di cuenta de que ¡el pensamiento no era nuevo!

Necesitamos estar dispuestos a encontrar la causa del mundo que vemos dentro de nuestra mente, para que así podamos cambiar nuestra mente acerca del mundo. Cambiando nuestros pensamientos, veremos un mundo cambiado.

Si queremos, podemos “contemplar un mundo liberado, libre de todos los juicios que he emitido” (2:1). Hoy podemos elegir ver el mundo de manera diferente si queremos. No hay que sentirse culpable por no elegir velo de manera diferente, pero piensa lo infeliz que te ha hecho hasta ahora tu percepción del mundo y pregúntate a ti mismo si no quieres verlo de manera diferente. Tu voluntad es ver el mundo real. Depende de ti, y de mí, elegir verlo hoy.

Padre, esto es lo que Tu Voluntad dispone para mí hoy, por lo tanto, no puede sino ser mi objetivo también. (2:2)

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