sábado, 2 de noviembre de 2013

Leccion 306, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 306

El regalo de Cristo es lo único que busco hoy.

1. ¿Qué otra cosa sino la visión de Cristo querría utilizar hoy cuando me puede conceder un día en el que veo un mundo tan semejante al Cielo que un viejo recuerdo vuelve a aflorar en mi conciencia? 2Hoy puedo olvidarme del mundo que fabriqué.3Hoy puedo ir más allá de todo temor, y ser restaurado al amor, a la santidad y a la paz. 4Hoy soy redimido, y vuelvo a nacer en un mundo misericordioso y solícito; un mundo lleno de bondad en el que reina la paz de Dios.
2. Y de esta manera, Padre nuestro, regresamos a Ti, recordando que nunca nos ausentamos; recordando los santos dones con los que nos has agraciado. Venimos llenos de gratitud y aprecio, con las manos vacías y con nuestras mentes y corazones abiertos, pidiendo tan sólo lo que Tú concedes. 3Ninguna ofrenda que podamos hacer es digna de Tu Hijo. 4Pero en Tu Amor se le concede el regalo de Cristo.

Comentario

A menudo estas lecciones del final del Libro de Ejercicios me dicen que puedo entrar en el mundo real hoy.

Hoy puedo olvidarme del mundo que fabriqué. Hoy puedo ir más allá de todo temor, y ser restaurado al amor, a la santidad y a la paz. (1:2-3)

Y es verdad. Si el “mundo tan semejante al Cielo” (1:1) es verdaderamente real, entonces existe ahora, y puedo entrar en él en cualquier instante que quiera hacerlo.

Sin embargo, para mí y muchos otros, estas lecciones parecen hablar desde una posición ventajosa que está más allá de nuestro alcance habitual. La mayor parte del tiempo, no siento que estoy a punto de alcanzar el final del viaje, ¿y tú? Pienso que me gustaría dejar atrás todo el miedo, pero no ha sido ésa mi experiencia más frecuente hasta la fecha. Únicamente en algunos pocos instantes santos. Quizá por eso las lecciones parecen un poco difíciles. Pero realmente, no lo son.

La lección de hoy supone un estado bastante elevado, dice que el regalo de Cristo es lo único que “busco” hoy. Si lo estoy buscando, no lo poseo totalmente de manera consciente. Entonces la lección me recuerda que hoy puedo olvidar el mundo, hoy puedo dejar todo el miedo y ser restaurado al amor. Me recuerda que en el centro de mi ser, esto es lo que quiero. Consciente de que todavía no estoy ahí, necesito que se me recuerde que la meta que busco es completamente posible y no un sueño que no sirve para nada.

Sin embargo, es más que eso. Uno de los medios que el Curso propone para nuestra salvación es el instante santo. En palabras sencillas, el instante santo es un corto intervalo de tiempo en el que permito que mi mente entre en el mundo real, para alcanzar otro estado mental (ver T.27.IV.2:1-4) que, de hecho, es mi estado natural tal como Dios me creó. Puede que todavía tenga demasiado miedo para abandonarlo completamente, pero puedo hacerlo durante unos pocos minutos al menos, en este mismo instante, olvidar el mundo y abandonar el miedo para sentir la paz del Cielo, un vistazo a la luz del Cielo. Puedo hacer esto repetidas veces durante el día. Hoy, entonces, puedo olvidar el mundo y dejar a un lado el miedo, aunque sólo sea durante un segundo o dos.

Puede que no consiga mantener ese estado mental. Pero puedo saborearlo. Puedo traer la visión de lo que he visto y de lo que he sentido en él. El Curso dice que sólo en muy pocos casos se puede mantener ese estado, incluso Jesús al comienzo del Curso dijo que escuchar sólo la Voz de Dios fue la última lección que él aprendió, y eso con un gran “esfuerzo, así como un  gran deseo de aprender” (T.5.II.3:9-11). No tenemos que desesperarnos por ello, y no deberíamos. Los cortos instantes son todo lo que necesitamos para garantizar que finalmente, cuando estemos totalmente preparados, tomaremos esa decisión final y elegiremos al fin no apartarnos del amor. Ese final es seguro. Por ahora podemos estar contentos con el hecho de que estamos sanando, estamos aprendiendo, estamos alimentando nuestra atracción a Dios, y que finalmente nos llevará todo el camino al hogar.


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