viernes, 25 de octubre de 2013

Leccion 298, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 298

Te amo, Padre, y amo también a Tu Hijo.

1. Mi gratitud hace posible que mi amor sea aceptado sin miedo. 2Y, de esta manera, se me restituye por fin mi Realidad. 3El perdón elimina todo cuanto se interponía en mi santa visión. 4Y me apro­ximo al final de todas las jornadas absurdas, las carreras locas y los valores artificiales. 5En su lugar, acepto lo que Dios establece como mío, seguro de que sólo mediante ello me puedo salvar, y de que atravieso el miedo para encontrarme con mi Amor.
2. Padre, hoy vengo a Ti porque no quiero seguir otro camino que no sea el Tuyo. 2Tú estás a mi lado. 3Tu camino es seguro. 4Y me siento agrade­cido por tus santos regalos: un santuario seguro y la escapatoria de todo lo que menoscabaría mi amor por Dios mi Padre y por Su santo Hijo.

Comentario

Mi gratitud hace posible que mi amor sea aceptado sin miedo” (1:1). Aquí está hablando de mi amor al Padre y a Su Hijo. Como a menudo señala el Curso, en mi mente errada tengo miedo de mi propio amor al Padre y a Su Hijo, porque parece que si  me entrego a él, me perderé en lo infinito de Dios. Lo que perderé en Él es “mi pequeño ser”, pero no mi verdadera Identidad. Es mi falsa identidad lo que temo perder y a la que me aferro (intentando conservar la identificación con el ego), es mi falsa identidad la que me hace tener miedo de mi propio amor a Dios. 

“Mi gratitud” es lo que “hace posible que mi amor sea aceptado sin miedo”. Mi gratitud es simplemente la aceptación de los regalos de Dios y mi agradecimiento por ellos: “Acepto lo que Dios establece como mío” (1:5). Cuando renuncio a lo que creo haber hecho (la identidad del ego) y en su lugar acepto con agradecimiento el regalo de Dios de mi verdadera Identidad, de repente mi amor a Dios y a Su Hijo no son ya aterradores. Todo lo que hace que parezca temible son mis inútiles intentos de hacer real lo que nunca fue real y aferrarme a la separación.

En lo profundo de mi corazón, Padre, yo Te amo. Renuncio, aunque sólo sea por un instante, lo que he estado intentando proteger. Libero mi amor para que se extienda libre y sin obstáculos. Me permito sentir su profundidad. A menudo me parece que no Te amo; ahora, es refrescante y purificador permitir la libre extensión de ese amor, reconocer su presencia dentro de mí. Tengo el regalo de mi segura Identidad en Ti, no hay necesidad de proteger esa “otra cosa” que no existe.

En lo profundo de mi corazón, Padre, yo amo también a Tu Hijo, el Cristo, Quien es mi verdadero Ser y el Ser que comparto con toda cosa viviente. Acepto al Hijo como mi Ser, y acepto a mis hermanos como parte, junto conmigo, de ese Ser Único. Tu Hijo es Tu regalo para mí, y es lo que yo soy. A menudo me parece que no amo algunos aspectos del Hijo, algunos de los que parecen ser distintos a mí, o que parecen enemigos. Ahora, en este momento, los reconozco a todos con agradecimiento como partes de mi Ser. Ya no estoy protegiendo, al menos en este instante, el pequeño aspecto separado que conozco como “yo”. Los abrazo a todos con amor.

Estoy tan contento de que Tú describas el viaje como “atravieso el miedo para encontrarme con mi Amor” (1:5). Porque hay miedo. Tengo miedo de abandonar el “yo”. ¿Quién seré? ¿Qué quedará? Qué maravilloso es saber que lo que temo perder no se pierde, se extiende y eleva a algo mucho más grande de lo que yo haya podido creer. Cuando he atravesado el miedo, lo que encuentro es mi Amor. ¡Esto es cierto! ¡No hay sacrificio!

Y me siento agrade­cido por tus santos regalos: un santuario seguro y la escapatoria de todo lo que menoscabaría mi amor por Dios mi Padre y por Su santo Hijo. (2:4)

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