jueves, 17 de octubre de 2013

Leccion 290, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 290

Lo único que veo es mi actual felicidad.

1. A menos que contemple lo que no está ahí, lo único que veo es mi actual felicidad. 2Los ojos que comienzan a abrirse por fin pue­den ver. 3Y deseo que la visión de Cristo descienda sobre mí hoy mismo. 4Pues lo que percibo a través de mi propia vista sin la Corrección que Dios me dio para ella, es atemorizante y doloroso de contemplar. 5Mas no voy a permitir que mi mente se siga enga­ñando un solo instante más, creyendo que el sueño que inventé es real. 6Éste es el día en que voy en pos de mi actual felicidad y en el que no he de contemplar nada que no sea lo que busco.
2. Con esta resolución vengo a Ti, y te pido que me prestes tu fortaleza, mientras procuro únicamente hacer Tu Voluntad. 2No puedes dejar de oírme, Padre. 3Pues lo que pido ya me lo has dado. 4Y estoy seguro de que hoy veré mi felicidad.

Comentario

A menos que contemple lo que no está ahí, lo único que veo es mi actual felicidad” (1:1). Ésa es la clave: no mirar a lo que no está aquí. Muy  a menudo miramos al pasado o al futuro, como estaba haciendo esta mañana mientras estaba tumbado en la cama. Ni el pasado ni el futuro están aquí. Por definición, son “no ahora”.

Lo que Jesús dice aquí es que si podemos por un momento dejar de mirar al pasado o al futuro, lo que veremos es la felicidad actual. Como dice un gurú: “Ya eres siempre feliz”. ¿Qué tiene esto que ver con el título de esta lección que el Espíritu Santo me enseña? “Lo que percibo a través de mi propia vista sin la Corrección (del Espíritu Santo) que Dios me dio para ella, es atemorizante y doloroso de contemplar” (1:4). El futuro es temible, el pasado es doloroso. Para ver necesito las gafas correctoras del Espíritu Santo.

El mundo que veo es doloroso porque el ego lo inventó para apoyarse y reforzarse a sí mismo. Si continúo mirándolo a través de los ojos que el ego fabricó, voy a ver testigos de la maldad, del pecado, del peligro y de la culpa. Necesito verlo de una manera diferente.

No se me pide que cierre los ojos y finja que el mundo no está ahí. Se me pide que voluntariamente me ponga las gafas correctoras y vea el mundo de manera diferente: como un testigo del Amor, de la dicha y de la paz. Lo primero de todo, en esta lección se me pide que mire dentro y me dé cuenta de que dejando de lado el pasado y el futuro, yo soy feliz por naturaleza. Se me pide que deje de mirar a lo que no está ahí. Ver lo que está aquí es el siguiente paso, y no habrá ninguna dificultad porque empiezo desde un estado de felicidad.

Si ya soy feliz, nada del presente puede cambiarlo porque no me falta nada, ya estoy en la felicidad.

Ésta es una gran técnica para la meditación: cuando surgen pensamientos, si se refieren al pasado, déjalos que se vayan flotando (como una hoja arrastrada por el agua). Si haces eso, lo que siempre descubrirás es tu felicidad actual. No tienes que fabricarla porque existe siempre. 

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