miércoles, 16 de octubre de 2013

Leccion 289, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 289

El pasado ya pasó. No me puede afectar.

1. A menos que el pasado se haya borrado de mi mente, no podré contemplar el mundo real. 2Pues en ese caso no estaría contem­plando nada, sino viendo lo que no esta ahí. 3¿Cómo podría entonces percibir el mundo que el perdón ofrece? 4Elpropósito del pasado fue precisamente ocultarlo, pues dicho mundo sólo se puede ver en el ahora. 5No tiene pasado. 6Pues, ¿a qué se le puede conceder perdón sino al pasado, el cual al ser perdonado desapa­rece?
2. Padre, no me dejes contemplar un pasado que no existe. 2Pues Tú me has ofrecido Tu Propio sustituto: un mundo presente que el pasado ha dejado intacto y libre de pecado. 3He aquí el final de la culpabilidad. 4aquí me preparo para Tu paso final. 5¿Cómo iba a exigirte que siguieses esperando hasta que Tu Hijo encontrase la belleza que Tu dispusiste fuese el final de todos sus sueños y todo su dolor?

Comentario

En el Curso estamos aprendiendo que la mente es la causa del mundo que vemos. Supongamos que me enfado con alguien. En lugar de suponer, como he hecho toda mi vida, que lo que he visto es real, reconozco que es una ilusión. No intento entenderlo, simplemente se lo ofrezco al Espíritu Santo. Reconozco que mis pensamientos de enfado no están causados por lo que veo, sino que están causados por mi interpretación de ello.

Mis pensamientos son anteriores a cualquier cosa que veo o que oigo. Muchas personas ven en esto lo que para mí es sólo una interpretación parcial. Piensan que nuestros pensamientos actuales no son causados por lo que está sucediendo ahora, sino que suponen que tiene que haber algo en el pasado que causó esos sentimientos. Su pregunta es: “¿Te acuerdas de algún otro momento en el que te sentiste así?” La idea es que puedes recordar algún acontecimiento pasado que provocó ese sentimiento, que puedes separar el sentimiento del de ahora. “No estoy enfadado contigo, estoy enfadado porque para mí representas a mi madre”. Ese tipo de cosas. El Curso habla acerca de estas “sombrías figuras” del pasado, pero señala que esas sombrías figuras “no son reales, y no pueden ejercer ningún dominio sobre ti, a menos que las lleves contigo” (T.13.IV.6:2). (Las secciones IV a VI del Capítulo 13 tratan de liberar el pasado). Dicho de otra manera, nuestra angustia o enfado actuales no están causados por el pasado, sino por una decisión presente de llevar su dolor al ahora. Una decisión que se toma ahora también puede deshacerse ahora.

El pasado “no me puede afectar”. Y los sentimientos del pasado tampoco pueden ser la causa de mis sentimientos. El error de relacionar emociones presentes con acontecimientos pasados, que ciertamente puede ser útil en cierto grado, es que relaciona falsamente algún acontecimiento o persona como la causa de mi sentimiento, entonces mi sentimiento es el efecto. La explicación que el Curso da es que “el pasado ya pasó”. Si veo el pasado, “estoy viendo lo que no está ahí” (1:2). El Curso dice que el único pensamiento que se puede tener del pasado es que no está aquí” (L.8.2:1). Ya no existe. Todo lo que existe es un pensamiento en mi mente que yo llamo un recuerdo, y ese recuerdo es imperfecto, desviado hacia mi interpretación y sin tener en cuenta la realidad interna de las otras personas que también estaban allí. Todo lo que recuerdo es lo que vi, lo que oí, lo que pensé, lo que sentí. Así que mi imagen del pasado es completamente inadecuada, y no puede ser la base de ningún juicio que tenga razón.

Cuando reconozco que mi sentimiento de ahora está causado por ver acontecimientos actuales a través de un recuerdo del pasado, eso me puede servir para separar mis sentimientos de las cosas que están sucediendo ahora. Pero necesito dar un paso más. Necesito ver que mis sentimientos tampoco están causados por el pasado. El pasado no tiene poder sobre mí. El pasado no existe. El pasado que recuerdo son mis propios pensamientos acerca del pasado.

Si mis sentimientos no están causados por el presente ni por el pasado, entonces ¿qué los causa? Ciertamente el futuro no, que todavía no ha sucedido. Entonces ¿qué?  

“Sólo mis propios pensamientos pueden afectarme” (L.338). Sólo mis pensamientos son la causa de mis sentimientos. Ésa es la causa. El Curso dice que finalmente tenemos que aprender que nada de fuera de nuestra mente puede afectarnos; que el pensamiento es lo único que existe. Todo lo demás es efecto del pensamiento, no la causa de nada (T.26.VII.4:9, T.10.In.1:1).

No hay nada externo a ti. Esto es lo que finalmente tienes que aprender. (T.18.VI.1:1-2)

¿Por qué tenemos pensamientos que causan malos sentimientos? Todo vuelve al pensamiento original de la separación. Pensamos que hemos robado nuestro ser a Dios, pensamos que logramos crear un ser separado, y pensamos que Dios tiene que estar enfadado. Creemos en la ira de Dios. En palabras menos teológicas, nos sentimos culpables porque nos vemos viviendo en un mundo que exige egoísmo para sobrevivir. Nos sentimos culpables porque pensamos que estamos separados y que es nuestra propia culpa.

Todos tenemos este profundo sentimiento de culpa, tan profundo que nos asusta. Ni siquiera podemos soportar mirarlo de frente. Tenemos miedo del olvido, de la muerte, y más aún del infierno. El miedo se disfraza de muchas formas: ira, depresión, celos, indiferencia. Abrimos los ojos e inmediatamente buscamos un chivo expiatorio, algo a lo que culpar por estos sentimientos terribles. Inevitablemente encontramos un culpable. “¡Tú! ¡Tú eres el que me ha robado la paz!” Inventamos el mundo para eso.

El Espíritu Santo entra en nuestra vida para “valerse de esos medios que inventaste a fin de exiliarte para llevar a tu mente allí donde verdaderamente se encuentra en su hogar” (L.pII.7.3:3). Miramos a cada acontecimiento como un posible chivo expiatorio para nuestros horribles sentimientos. El Espíritu Santo contempla cada acontecimiento como un medio para mostrarnos el Amor. Aprendemos a ver todo como Amor o como una petición de Amor. Para el ego, todo da testimonio de la separación y de la culpa. Para el Espíritu Santo, todo da testimonio de la realidad del Amor. Para ver el mundo que el perdón nos ofrece, tenemos que estar dispuestos a abandonar el pasado y a ver que no nos puede afectar ahora. El mundo perdonado únicamente se puede ver ahora. Tenemos que elegir dejar de mirar a “un pasado que ya no está aquí”.

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