domingo, 6 de octubre de 2013

Leccion 279. Un Curso de Milagros


LECCIÓN 279

La libertad de la creación garantiza la mía.

1. Se me ha prometido el fin de los sueños porque el Amor de Dios no abandonó a Su Hijo. 2Únicamente en sueños parece él estar aprisionado, en espera de una libertad futura, si es que ésta ha de llegan 3Pero en realidad sus sueños ya se acabaron, y la verdad ocupa su lugar. 4Ahora él es libre. 5¿Por qué he de seguir esperando mi libertad encadenado, cuando ya he sido liberado de mis cadenas y Dios me ofrece la libertad ahora?
2. Hoy aceptaré Tus promesas y depositaré mi fe en ellas. 2Mi Padre ama a aquel a quien creó como Su Hijo. 3¿Me negarías, entonces, los regalos que me hiciste?


"COMENTARIOS A LAS LECCIONES" de Robert Perry y Ally Watson
Comentario

Para nosotros, el Curso a menudo expone un conjunto de lo que parece ser relaciones bastante confusas entre ideas. Dice que la manera en que trato a mi hermano es un reflejo de cómo me trato a mí mismo. Dice que la manera en que me trato a mí mismo es un reflejo de cómo trato a Dios. Dice que la manera en que trato a mi hermano es un reflejo de cómo trato a Dios. En las tres se puede sustituir la frase “cómo trato” por “cómo veo”.

Este conjunto de asociaciones nos parece confuso porque insistimos en pensar que nuestro Ser, nuestro hermano y Dios son seres separados. No es sólo que la manera en que me veo a mí mismo refleja la manera en que veo a Dios, es la manera en que veo a Dios porque yo soy parte de Dios, una extensión de Él, una extensión de Su naturaleza. Dios es todo lo que existe. No hay nada más. Por lo tanto:

Si acepto que estoy aprisionado dentro de un cuerpo, en un mundo en el que todo lo que aparentemente vive parece morir, entonces mi Padre está aprisionado al igual que yo. Y esto es lo que creo cuando afirmo que tengo que obedecer las leyes que el mundo obedece, y que las flaquezas y los pecados que percibo son reales e ineludibles. (1:1-2)

El Curso dice a menudo que yo creo cosas que no pienso que creo. Dice que yo creo que he crucificado al Hijo de Dios (T.13.II.5:1). Y aquí me dice que yo creo que Dios es un prisionero.

Ciertamente no voy por ahí diciendo que Dios es un prisionero. La idea de que Dios es un prisionero me parece horrible, mi idea mental de Dios es que Él lo puede todo. ¿Cómo puedo creer algo sin darme cuenta de que lo creo? Realmente es muy fácil, lo hago todo el tiempo. Incluso a veces me he descubierto haciéndolo.

Por ejemplo, a veces me he dado cuenta de que cuando otra persona se acerca de una manera muy abierta y amorosa, mi primera reacción no es de bienvenida sino de sospecha. Pienso que detrás de la apariencia de amor probablemente hay otro motivo oculto, algo contra lo que tengo que estar en guardia. Mi pensamiento puede ser: “¿Qué quiere esta persona de mí?” O quizá sospecho que está intentando manipularme de algún modo. Lo que ese tipo de respuesta indica es que creo que el Amor Mismo es sospechoso. No confío en el Amor. No confío en mi Amor, no confío en el Amor de otro y, por encima de todo, no confío en el Amor de Dios.

Otro modo en que veo esa sospecha del amor en mí mismo es cuando siento sentimientos amorosos por otra persona, sospecho de mis propios motivos, especialmente si la persona es una mujer atractiva. De nuevo, ahí está la creencia oculta, una creencia que conscientemente no he admitido, de que no se puede confiar en el Amor

Lo que esta lección dice es que cuando yo acepto que yo soy un prisionero, estoy mostrando una creencia escondida de que Dios es un prisionero también. Esto es así porque los hechos de la realidad son que Dios y yo somos uno, parte del Mismo Ser, o mejor dicho, yo soy parte de Su Ser. Puesto que la realidad es Una, lo que creo acerca de cualquier parte lo creo acerca de la Totalidad, sea consciente de ello o no.

Si de algún modo estoy aprisionado, ello sig­nifica que no conozco ni a mi Padre ni a mi Ser. Y significa asi­mismo que no formo parte de la realidad en absoluto. (1:3-4)

Podríamos usar fácilmente estas frases para condenarnos a nosotros mismos y entrar en un viaje de culpa. No hay ni uno solo de nosotros que no se sienta aprisionado de algún modo. Todos nos sentimos limitados por las leyes del mundo: leyes de la nutrición, de la economía, de la salud, del matrimonio. Todos creemos que moriremos. Todos creemos que algunas de nuestras debilidades son reales y no pueden superarse, si no creyéramos esto, ¡ya las habríamos superado! Todos creemos que estamos limitados por el tiempo y el espacio; por ejemplo, que si un amigo se aleja miles de kilómetros, ya no podemos relacionarnos tan estrechamente como lo hemos hecho antes. Así pues, ¿ya no formo parte de la realidad? ¿Es mi situación desesperada?

No, no es desesperada. Todo lo que necesitamos hacer es reconocer estas creencias en nosotros y admitir que las tenemos. Necesitamos ver que cada creencia en nuestras propias limitaciones es una creencia de que Dios está limitado, cada creencia de que estoy aprisionado o atrapado de algún modo es una creencia de que Dios está aprisionado y atrapado. Fíjate en lo que estamos haciendo. Reconoce que lo estamos haciendo. Y dile a Dios, por ejemplo: “Te estoy viendo como limitado y bloqueado, y Tú no estás limitado ni bloqueado. Ayúdame a verlo”. Y eso es todo.

Padre, lo único que pido es la verdad. He tenido muchos pensamien­tos descabellados acerca de mí mismo y de mi creación, y he introducido en mi mente un sueño de miedo. Hoy no quiero soñar. Elijo el camino que conduce a Ti en lugar de la locura y el miedo. Pues la verdad está a salvo, y sólo el amor es seguro. (2:1-5)

Eso es todo. Reconoce que has tenido “pensamientos alocados” (no “pensamientos pecaminosos”), y pide la verdad. Eso es todo.


6 comentarios:

  1. Es el mismo comentario de la lección anterior.

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    1. Hola. SI, es el mismo comentario. Hoy haciendo la lección me he dado cuenta.Tambien queria comunicarlo. Saludos

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  2. "Comentario:

    Debido a que la creación es libre, yo soy libre. Debido a que nadie está aprisionado, yo no estoy
    aprisionado. “Ahora él es libre” (1:4). La libertad está aquí y ahora. La libertad no está en el futuro.
    Cuando reconozco la libertad que les pertenece a todos, encuentro la mía propia. Al dar, yo recibo.
    Al amar, soy amado. Al sanar, soy sanado. Al reconocer la existencia de la perfección total, siento
    que yo formo parte de esa perfección y soy más consciente de ella cuando reconozco al Cristo en
    mis hermanos.
    La lección de ayer era lo contrario de ésta: “Si estoy aprisionado, mi Padre no es libre”. Cuando
    aceptamos la aparente prisión en la que estamos, estamos diciendo que Dios está aprisionado. Si no
    veo escapatoria, entonces Dios tampoco la tiene. Aquí de nuevo se ve claro que:
    Tal como veo a mi hermano, así me veo a mí mismo.
    Tal como me veo a mí mismo, así veo a Dios.
    La sencillez de esta lección es sorprendente. Todo viene a lo mismo.
    ¿Por qué algunas personas tienen miedo de Dios? ¿Por qué la idea, incluso la palabra, les asusta? Es
    porque ven a Dios como se ven a sí mismos, siempre es así. Si me veo a mí mismo amenazador, así
    veo a Dios. Si me veo a mí mismo débil e incompetente, así veo a Dios. Huyo de mis propios ídolos,
    no de la Verdad.
    “Únicamente en sueños parece él estar aprisionado, en espera de una libertad futura, si
    es que ésta ha de llegar”. (1:2)
    Podemos entender que podemos estar perfectamente libres, libres en casa en la cama, y en nuestro
    sueño soñar con la prisión. Eso describe exactamente nuestra experiencia en este mundo. Ya somos
    libres, pero estamos soñando que estamos aprisionados. Para el Curso, la salvación es volverse
    consciente de estar soñando, y que la libertad que pensamos que nos falta ya es nuestra. Nos damos
    cuenta de ello al reconocerlo en otros.
    ¿Por qué estamos aparentemente aprisionados? ¿En qué consisten nuestras cadenas? ¿No son
    cadenas de culpa? “El Espíritu Santo sabe que la salvación es escapar de la culpabilidad”"

    Del libro "Comentario a las Lecciones del Libro de Ejercicios de Un Curso de Milagros "

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  3. "¿Por qué estamos aparentemente aprisionados? ¿En qué consisten nuestras cadenas? ¿No son
    cadenas de culpa? “El Espíritu Santo sabe que la salvación es escapar de la culpabilidad”
    (T.14.III.13:4). Ver a mi hermano libre es verle sin culpa; en otras palabras, perdonarle. Así es como
    se escapa de la culpa: cuando me doy cuenta de que la creación está libre de culpa, que todo el
    mundo es inocente, y reconozco que yo también. Funciona así porque lo que veo como el mundo es
    una proyección de mi propio juicio acerca de mí mismo. “El mundo que ves no es sino un juicio con
    respecto a ti mismo” (T.20.III.5:2). Al quitar los juicios y la culpa del mundo, la estoy quitando de
    mí mismo porque lo que veo es sólo un reflejo de cómo me veo a mí mismo.
    “La libertad de la creación garantiza la mía”.
    "

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