lunes, 23 de septiembre de 2013

Leccion 266, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 266

Mi santo Ser mora en ti, Hijo de Dios.

1. Padre, mediste todos Tus Hijos para que fuesen mis salvadores y mis consejeros de visión; los heraldos de Tu santa Voz. 2En ellos Tú te ves reflejado y en ellos Cristo me contempla desde mi Ser. 3No permitas que Tu Hijo se olvide de Tu santo Nombre. 4No permitas que Tu Hijo se olvide de su santo Origen. 5No permitas que Tu Hijo se olvide de que su nombre es el Tuyo.
2. En este día entramos al paraíso, invocando el Nombre de Dios y el nuestro, reconociendo nuestro Ser en cada uno de nosotros y unidos en el santo Amor de Dios. 2¡Cuántos salvadores nos ha dado Dios! 3¿Cómo podríamos perdernos en nuestro trayecto hacia Él, cuando Él ha poblado el mundo con aquellos que seña­lan hacia Él, y nos ha dado la vista para poder contemplarlos?

Comentario

Estas palabras no se las digo a Jesús o a Cristo como un ser abstracto. Estas palabras se las digo a la persona que está sentada a mi lado, a mi jefe, a las personas de mi familia, a cualquiera que esté en frente de mí o en mi mente. “Mi santo Ser mora en ti, Hijo de Dios”.

Si mi mente está iluminada, todo el mundo es mi salvador. Todos señalan el camino a Dios (2:2-3). Jesús aquí está diciendo: “¡Despierta! No puedes perderte. El mundo está lleno de personas, y cada uno te señala el camino a Dios. Cada uno refleja a Su Hijo. Tu Ser está en cada uno de ellos. Únicamente abre los ojos y yo te daré la visión para que Le veas”.

La Voluntad de Dios es que tú encuentres la salvación. ¿Cómo, entonces, no te iba a haber proporcionado los medios para encon­trarla? Si Su Voluntad es que te salves, tiene que haber dispuesto que alcanzar la salvación fuese posible y fácil. Tienes hermanos por todas partes. No tienes que buscar la salvación en parajes remotos. Cada minuto y cada segundo te brinda una oportuni­dad más para salvarte. (T.9.VII.1:1-6)

Nada muestra tan claramente lo deformada que está nuestra percepción como nuestra reacción a esta lección. Quizá en este momento estás pensando: “¡Sí, seguro! ¡A mí no me parecen salvadores y portadores de la Voz de Dios!”. Si somos honestos, la mayoría de nosotros reconoceremos que percibimos a nuestros hermanos como obstáculos y barreras en el camino a Dios, o como claros enemigos. Entonces, pensemos en la posibilidad de que la razón por la que los vemos así no tiene nada que ver con ellos o con la verdad. Pensemos que quizá hemos puesto nuestros pecados sobre ellos, y los vemos devolviéndonos esa forma de mirar (L.265.1:1). Empecemos a darnos cuenta de que nuestra forma de ver todas las cosas está al revés, y necesita ser corregida.

Que hoy abra los ojos. Que hoy me recuerde a mi mismo que cada persona con la que me encuentro o en la que pienso “es mi salvador, mi consejero para la visión, y mi portador de la Voz de Dios”. Que yo pida: “Dios, dame la visión para reconocer a mi Ser en esta persona”. Que reconozca que si veo algo distinto a lo que Dios dice que es su realidad, es mi propia enfermedad mental, mi propia manera deformada de ver, y que le lleve esas percepciones al Espíritu Santo para que Él las sane.

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