domingo, 22 de septiembre de 2013

Leccion 265, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 265

Lo único que veo es la mansedumbre de la creación.

1. Ciertamente no he comprendido el mundo, ya que proyecté sobre él mis pecados y luego me vi siendo el objeto de su mirada: 2¡Qué feroces parecían! 3¡Y cuán equivocado estaba al pensar que aquello que temía se encontraba en el mundo en vez de en mi propia mente! 4Hoy veo el mundo en la mansedumbre celestial con la que refulge la creación. 5En él no hay miedo. 6No permitas que ninguno de mis aparentes pecados nuble la luz celestial que refulge sobre el mundo. 7Lo que en él se refleja se encuentra en la Mente de Dios. 8Las imágenes que veo son un reflejo de mis pen­samientos. 9Pero mi mente es una con la de Dios. 10Por lo tanto, puedo percibir la mansedumbre de la creación.
2. En la quietud quiero contemplar el mundo, el cual refleja únicamente Tus Pensamientos, así como los míos. 2Concédaseme recordar que son lo mismo, y veré la mansedumbre de la creación.

Comentario

Esta lección afirma muy claramente cómo aparentemente el mundo viene a atacarnos:

Ciertamente no he comprendido el mundo, ya que proyecté sobre él mis pecados y luego me vi siendo el objeto de su mirada: ¡Qué feroces parecían! ¡Y cuán equivocado estaba al pensar que aquello que temía se encontraba en el mundo en vez de en mi propia mente! (1:1-3)

Me siento culpable por algo en mí. Proyecto esa culpa fuera, pongo mis pecados sobre el mundo y luego lo veo devolviéndome esa misma mirada. “La proyección da lugar a la percepción” (T.21.In.1:1). Hay más de un sitio donde el Curso dice que nunca veo los pecados de otro sino los míos (por ejemplo, T.31.III.1:5). El mundo que veo es el reflejo externo de un estado interno (T.21.In.1:5). La Canción de la Oración dice:

Es imposible perdonar a otro,  pues son únicamente tus pecados los que ves en él. Quieres verlos allí y no en ti. Es por eso que el perdón a otro es una ilusión. Sin embargo, es el único sueño feliz en todo el mundo, el único que no conduce a la muerte. Únicamente en otro puedes perdonarte a ti mismo, pues le has declarado culpable de tus pecados, y en él debe buscarse ahora tu inocencia. ¿Quiénes sino los pecadores necesitan ser perdonados? Y nunca pienses que puedes ver pecado en nadie excepto en ti mismo. (Canción 2.I.4:2-8)

“Nunca pienses que puedes ver pecado en otro, sino en ti mismo”. ¡Ah! ¡Qué afirmación más poderosa! “Son sólo tus propios pecados lo que ves en él”. Muchas personas, y yo también, tenemos problemas con esta idea. Verdaderamente pienso que nuestro ego lucha contra esto, y usa cualquier medio a su alcance para no aceptarlo.

Ante frases como ésta, una reacción frecuente es: “¡Imposible! Nunca he pegado a mi esposa. Nunca he matado o violado o traicionado como ha hecho él”. Donde creo que nos equivocamos es al mirar a las acciones concretas y decir: “Ellos hacen eso. Yo no”, pensando que hemos demostrado que el pecado que vemos no es el nuestro.

La acción no es el pecado. La culpa sí. La idea es más extensa que las acciones concretas. La idea de ataque es ésta: “Es el juicio que una mente hace contra otra de que es indigna de amor y merecedora de castigo” (T.13.In.1:2). La acción de la persona que estamos juzgando no es importante; estamos viendo a otra persona como “indigna de amor y merecedora de castigo” porque primero nos hemos visto a nosotros mismos de esa manera. Sentimos que somos indignos, no nos gusta ese sentimiento, y lo proyectamos sobre otros. Encontramos determinadas acciones que asociamos con ser indignas y que nosotros no cometemos (aunque a veces están en nosotros, sólo que reprimidas o enterradas), ¡ésta es la manera exacta en que intentamos deshacernos de la culpa!

La proyección y la disociación (separación de ello) continúan en nuestra propia mente así como afuera. Cuando me condeno a mí mismo por, digamos, comer en exceso, y pienso que me siento culpable por comer en exceso, estoy haciendo lo mismo que cuando condeno a un hermano por mentir o por cualquier otra cosa. En unos casos pongo la culpa fuera de mí; en otros casos la pongo en una parte oscura de mí que rechazo. “No sé por qué hago eso, yo sé hacer cosas mejores”.

Cuando me siento culpable, estoy rechazando una parte de mi propia mente. Hay una parte de mí que siente la necesidad de comer en exceso, o de enfadarme con mi madre, o de fastidiar mi profesión, o de abusar de mi cuerpo con alguna droga. Hago estas cosas porque me siento culpable y pienso que merezco castigo. La culpa básica no viene de estas cosas insignificantes, sino de mi profunda creencia de que realmente he conseguido separarme de Dios, de que he hecho de mí mismo algo diferente a la creación de Dios, de que soy mi propio creador. Y puesto que Dios es bueno, yo debo ser malo. Pensamos que el mal está en nosotros, que somos el mal. No podemos soportar esa idea, y por eso apartamos una parte de nuestra mente y de nuestro comportamiento y ponemos la culpa a sus pies.

El mismo proceso funciona cuando veo pecado en un hermano. Pero desde el punto de vista del ego, ver culpa en otro es mucho más atrayente y funciona mejor para esconder la culpa que quiere que conservemos; aleja completamente la culpa de mi vista. En realidad mi hermano es una parte de mi mente tanto como la parte oscura forma parte de mi mente. Todo el mundo es mi mente, mi mente es todo lo que existe.   

¡Y cuán equivocado estaba al pensar que aquello que temía se encontraba en el mundo en vez de en mi propia mente! (1:3)

(En su propia identificación con el ego) siempre percibe este mundo como algo externo a él, pues esto es crucial para su propia adaptación. No se da cuenta de que él es el autor de este mundo, pues fuera de sí mismo no existe ningún mundo. (T.12.III.6:6-7)

Quítate las mantas de encima y hazle frente a lo que te da miedo. (T.12.II.5:2)

Necesitamos mirar a aquello que nos da miedo y darnos cuenta de que todo ello está en nuestra propia mente. Finalmente, cuando nos damos cuenta de la verdad de todo esto, podremos hacer algo para solucionarlo. Hasta entonces somos víctimas indefensas.

Vemos pecado en otros porque creemos que necesitamos ver pecado en otros para no verlo en nosotros mismos. Creemos en la idea de que algunas personas no son dignas de amor y que merecen castigo. Dentro de nosotros sabemos que nosotros mismos somos uno de los que condenamos, pero el ego nos dice que si podemos ver la culpa en otros de fuera, verlos como peores que nosotros, podemos escaparnos del juicio. Por eso proyectamos la culpa.

Lo que esta lección dice es que si le quitamos al mundo la mancha de nuestra propia culpa, veremos su “mansedumbre celestial” (1:4). Si puedo recordar que mis pensamientos y los de Dios son lo mismo, no veré pecado en el mundo porque no lo veo en mí mismo.

Por lo tanto, el mundo a nuestro alrededor nos ofrece miles de oportunidades de perdonarnos a nosotros mismos. “Únicamente en otro puedes perdonarte a ti mismo, pues le has declarado culpable de tus pecados, y en él debe buscarse ahora tu inocencia” (Canción 2.I.4:6). Cuando alguien aparece en nuestra vida como pecador, tenemos una oportunidad de perdonarnos a nosotros en él. Tenemos una oportunidad de abandonar la idea fija de que lo que esa persona ha hecho le hace culpable de un pecado. Tenemos la oportunidad de dejar a un lado sus acciones perjudiciales y ver la inocencia que sigue estando en él. Dejamos a un lado nuestro juicio condicionado y permitimos que el Espíritu Santo nos muestre algo diferente.

Parece que estamos trabajando en perdonar a otra persona. En realidad siempre nos estamos perdonando a nosotros mismos. Cuando descubrimos la inocencia en esa otra persona, de repente estamos más seguros de nuestra propia inocencia. Cuando vemos lo que han hecho como una petición de amor, podemos igualmente ver nuestra propia conducta equivocada como una petición de amor. Descubrimos una inocencia compartida, una inocencia total y completa, sin que haya cambiado desde que Dios nos creó. 

5 comentarios:

  1. muy acertada la explicacion muchas gracias.

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  2. Gracias por lo que nos ha dejado en sus conclusiones.Para mí son muy valiosas.

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  3. muchas gracias es muy esclarecedor que siempre te perdonas a ti atravès del otro pues todo esta en tu mente

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  4. Gracias infinitas por compartir los comentarios y correlacionarlos con el texto y la cancion, prende los focos de mi entendimiento. Bendiciones!

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