domingo, 8 de septiembre de 2013

Leccion 251, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 251

No necesito nada más que la verdad

1. Busqué miles de cosas y lo único que encontré fue desconsuelo. 2Ahora sólo busco una, pues en ella reside todo lo que necesito, y lo único que necesito. 3Jamás necesité nada de lo que antes bus­caba, y ni siquiera lo quería. 4No reconocía mi única necesidad.5Pero ahora veo que solamente necesito la verdad. 6Con ella todas mis necesidades quedan satisfechas, mis ansias desaparecen, mis anhelos se hacen finalmente realidad y a los sueños les llega su fin. 7Ahora dispongo de todo cuanto podría necesitar. 8Ahora dis­pongo de todo cuanto podría querer. 9Y ahora, por fin, me encuen­tro en paz.
2. Y por esa paz, Padre nuestro, te damos gracias. 2Lo que nos negamos a nosotros mismos, Tú nos lo has restituido, y ello es lo único que en verdad queremos.

Comentario

Si se nos pidiera, cualquiera de nosotros podría sentarse ahora y escribir una lista bastante larga de cosas que pensamos que necesitamos. Aunque sólo sean cosas que ahora no tenemos, la lista sería bastante extensa. Por ejemplo, necesito una mayor memoria en mi ordenador (¿y qué dueño de ordenador no lo necesita?), necesito pijamas nuevos, necesito algún arreglo dental, necesito una nueva estantería, necesito un colchón nuevo, necesito una caja de agua mineral, necesito unos vaqueros nuevos, necesito una guitarra mejor.

En distintos momentos de mi vida he creído que necesitaba casarme, o divorciarme. Necesitaba un trabajo mejor. Necesitaba un coche nuevo, uno que no se estropeara todo el tiempo. Necesitaba cambiar de casa. “Busqué miles de cosas y lo único que encontré fue desconsuelo” (1:1). Conseguí la mayor parte de las cosas que buscaba (pero nunca todo el dinero que necesitaba), pero nada de ello me hizo feliz. Con todas las listas que pueda hacer de cosas que “necesito” ahora, sé que ninguna de ellas me hará feliz tampoco.

La felicidad es una elección que yo hago. Nada más, nada menos.

Pienso que el motivo por el que el Curso me atrae tanto es porque estoy totalmente de acuerdo con cosas como esta lección. Bueno, todavía cometo el error de pensar que algo que “necesito” me dará la felicidad, pero cuando me doy cuenta de ello, por lo menos ahora sé que me estoy engañando a mí mismo. Cuando me paro a pensar, puedo decir honestamente: “Ahora sólo busco una, pues en ella reside todo lo que necesito, y lo único que necesito” (1:2). A veces me alejo de esa única dirección, me engaño buscando algo más, pero continúo regresando a esta necesidad única y principal, que es realmente lo único que necesito tener: la verdad. La verdad acerca de mí mismo, acerca de Dios, acerca del universo. Lo que es real y eterno.

“Jamás necesité nada de lo que antes bus­caba, y ni siquiera lo quería” (1:3). Normalmente lo descubría después de tenerlas. Recuerdo una noche, hace varios años, en que estaba en casa sentado viendo la televisión solo. Tuve hambre, así que me levanté para comer algo. Miré al helado en el frigorífico y pensé: “No, no es eso lo que quiero”. Miré a la fruta, a las galletas, al queso, a las palomitas de maíz, y con cada uno de ellos me encontré diciendo: “No, no es eso lo que quiero”. Finalmente, devanándome los sesos, me quedé en medio de la cocina y dije en voz alta: “¿Qué es lo que realmente quiero?” Y me golpeó como una tonelada de ladrillos. Lo que de verdad quería era a Dios. Estaba sintiendo una especie de vacío dentro de mí, y mi mente lo estaba traduciendo en un antojo físico de algún tipo, intentando encontrar un modo de llenar el vacío por medio de mi cuerpo. ¡De verdad me reí de buena gana! De repente me di cuenta de que todas mis “necesidades” y todo lo que yo “quería” eran sustitutos de lo único que necesitaba de verdad, que era algo que siempre tenía, únicamente esperaba a que yo eligiera darme cuenta de ello.

¿Cómo podemos estar alguna vez en paz, cuando toda nuestra vida está llena de una lista sinfín de antojos? ¿No podemos darnos cuenta de que el antojo en sí mismo es una forma de infelicidad?  ¿No podemos darnos cuenta de que cada cosa que creemos que necesitamos y que no tenemos es una carga, un dolor constante en el fondo de nuestra mente, que nos mantiene alejados de la paz? Lo que de verdad quiero es la paz. Lo que de verdad quiero es estar en paz, contento con Quien yo soy. Quiero la realización. Quiero sentirme pleno. Y estas cosas están disponibles en este instante, siempre que las elija. Están garantizadas u ocultadas, no por algo externo, sino por mi propia elección.

Y ahora, por fin, me encuen­tro en paz (1:9).

Y por esa paz, Padre nuestro, te damos gracias. Lo que nos negamos a nosotros mismos, Tú nos lo has restituido, y ello es lo único que en verdad queremos (2:2).


1 comentario:

  1. Hoy me identifique con tantas cosas materiales que quería y quiero, pero estakeccesta me recordó tener paz y no frustarne por lo que no puefp tener, te lo entrego padre aquello que no puedo tener trasforma esa ansia en mi paz interna que es tu misma paz..

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