lunes, 2 de septiembre de 2013

Leccion 245, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 245

Tu paz está conmigo, Padre. Estoy a salvo.

1. Tu paz me rodea, Padre. 2Dondequiera que voy, Tu paz me acompaña 3y derrama su luz sobre todo aquel con quien me encuentro. 4Se la llevo al que se encuentra desolado, al que se siente solo y al que tiene miedo. 5Se la ofrezco a los que sufren, a los que se lamentan de una pérdida, así como a los que creen ser infelices y haber perdido toda esperanza. 6Envía­melos, Padre. 7Permíteme ser el portador de Tu paz. 8Pues quiero salvar a Tu Hijo, tal como dispone Tu Voluntad, para poder llegar a reconocer mi Ser.
2. Y así caminamos en paz, 2transmitiendo al mundo entero el mensaje que hemos recibido. 3Y de esta manera oímos por fin la Voz que habla por Dios, la cual nos habla según nosotros predi­camos la Palabra de Dios, Cuyo Amor reconocemos, puesto que compartimos con todos la Palabra que Él nos dio.

Comentario

La paz de Dios está siempre conmigo, y yo siempre estoy a salvo. No es algo que sea cierto sólo a ratos. La paz de Dios está conmigo ahora y siempre. La intranquilidad es siempre algo que yo estoy poniendo encima de la paz que está siempre ahí, que nunca me abandona. La intranquilidad es una percepción falsa, la paz es la realidad. Si estoy dispuesto a parar un instante, a decir: “¡Paz! ¡Aquiétate!” a la tormenta en mi mente, la paz de Dios siempre está ahí, esperando a que la descubra.

La paz de Dios me rodea (1:1). Va conmigo dondequiera que yo voy (1:2). La llevo conmigo y puedo derramar “su luz sobre todo aquel con quien me encuentro” (1:3). Como San Francisco oraba, yo puedo ser un instrumento de la paz de Dios, llevándosela “al que se encuentra desolado, al que se siente solo y al que tiene miedo” (1:4). ¡Oh, yo quiero eso, hoy quiero ser lo que soy! Quiero estar dispuesto a decir: “Envíamelos, Padre” (1:6). Voy a escuchar la lección del Espíritu Santo: “Para tener paz, enseña paz para así aprender lo que es” (T.6.V(B)). A medida que llevo paz “a los que creen ser infelices y haber perdido toda esperanza” (1:5) la encontraré en mí mismo. Reconoceré a mi Ser. Oiré la Voz de Dios. Reconoceré Su Amor.

Hoy si no siento Tu paz dentro de mí, voy a llevársela a alguien que la necesite. Al hacerlo, reconoceré su presencia dentro de mí.


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