viernes, 23 de agosto de 2013

Leccion 235, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 235

Dios, en Su misericordia, dispone que yo me salve.

1. Tan sólo necesito contemplar todo aquello que parece herirme, y con absoluta certeza decirme a mí mismo: "La Voluntad de Dios es que yo me salve de esto", para que de inmediato lo vea desaparecer. 2Tan sólo necesito tener presente que la Voluntad de mi Padre para mí es felicidad, para darme cuenta de que lo único que se me ha dado es felicidad. 3Tan sólo necesito recordar que el Amor de Dios rodea a Su Hijo y mantiene su inocencia eterna­mente perfecta, para estar seguro de que me he salvado y de que meencuentro para siempre a salvo en Sus Brazos. 4Yo soy el Hijo que Él ama. 5me he salvado porque Dios en Su misericordia así lo dispuso.

2. Padre, Tu Santidad es la mía. 2Tu Amor me creó e hizo que mi ino­cencia fuese parte de Ti para siempre. 3No hay culpabilidad o pecado en mí, puesto que no los hay en Ti.

Comentario

Si miramos a nuestros propios pensamientos honestamente, podremos ver las muchas maneras en que creemos lo contrario de la lección de hoy. Pensamos: “Dios, en su enfado, dispone que yo sea castigado”. En algún lugar dentro de cada uno de nosotros hay una voz negativa que nos dice que merecemos el sufrimiento que tenemos, o que la felicidad que tenemos puede desaparecer porque no nos la merecemos.

A aquellos que tienen una lista de todas sus quejas acerca del mundo y del modo en que los trata injustamente, el Curso tiene un consejo definitivo: “¡Aban­dona esos pensamientos tan necios!” (M.15.3:1). Tengo el poder de deshacer todas esas cosas. Todo lo que tengo que hacer es asegurarme a mí mismo: “La Voluntad de Dios es que yo me salve de esto” (1:1). Dios no quiere mi sufrimiento, ni mi tristeza, ni mi soledad. Cambiando la manera en que pienso de todo esto, puedo cambiar al mundo.

Pensamos que es el mundo el que nos causa nuestro sufrimiento y tristeza, el Curso nos enseña justo lo contrario. Nuestra creencia en el Dios de la ira es lo que nos trae el sufrimiento, nuestra creencia en Su misericordia y Su Amor puede transformar nuestra vida. Lo que necesita cambiar no es el mundo externo, sino lo que hay dentro de mi mente. Que hoy recuerde, Padre, que “me he salvado y que me encuentro para siempre a salvo en Tus Brazos” (L.235.1:3). Que el pensamiento de que Tú quieres mi felicidad llene hoy mi mente. Si Tú eres Amor, si Tú me amas, ¿qué más puedo querer?

2 comentarios:

  1. maravilloso, gracias por colocar este material. ya que no tengo el libro.

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  2. gracias por compartirnos tu manera de entender las lecciones. Saludos.

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