sábado, 17 de agosto de 2013

Leccion 229, Un Curso de Milagros



LECCIÓN 229

El Amor, que es lo que me creó, es lo que soy.

1. Busco mi verdadera Identidad, y la encuentro en estas pala­bras: "Soy Amor, pues el Amor fue lo que me creó". 2Ahora no necesito buscar más. 3El Amor ha prevalecido. 4Ha esperado tan quedamente mi regreso a casa, que ya no me volveré a apartar de la santa faz de Cristo. 5lo que contemple dará testimonio de la verdad de la Identidad que procuré perder, pero que mi Padre conservó a salvo para mí.
2. Padre, te doy gracias por lo que soy, por haber conservado mi Identi­dad inalterada e impecable en medio de todos los pensamientos de pecado que mi alocada mente inventó. 2te doy gracias también por haberme salvado de ellos. 3Amén.

Comentario

Muchas de estas lecciones en la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, mientras las leo, parecen expresar un estado mental que está más allá de donde yo estoy. En realidad, hablan de mi verdadero estado mental, el estado de mi mente recta. Éste es el estado mental que podemos alcanzar en el instante santo. La mente recta no es un estado futuro que estoy intentando alcanzar. Hay un aspecto de mi mente que ya conoce estas cosas y las cree. Ésta es la parte de mi mente que me está llevando al Hogar. “Ahora no necesito buscar más” (1:2), es la verdad en este mismo instante. La que no es real es la parte de mi mente que las pone en duda y las niega.

El Amor es lo que soy, el Amor es mi Identidad. Que mire honestamente a lo que creo que soy en Su lugar, porque al descubrir lo que no es Amor, llegaré a conocer el Amor.

El amor no es algo que se pueda aprender. Su significado re­side en sí mismo. Y el aprendizaje finaliza una vez que has reco­nocido todo lo que no es amor. Ésa es la interferencia, eso es lo que hay que eliminar.   (T.18.IX.12:1-4)

El Amor me ha esperado “tan quedamente” (1:4). El Amor es tranquilo porque eso es lo que hace el perdón, “es tranquilo y sosegado, y no hace nada” (L.pII.4:1). Mi propio Amor espera para perdonarme todo lo que creo haber hecho, todo lo que he creído que era, diferente al Amor. Verdaderamente “procuré perder” mi Identidad (1:5), pero Dios ha guardado esa Identidad a salvo para mí, dentro de mí, como lo que yo soy. “En medio de todos los pensamientos de pecado que mi alocada mente inventó” (2:1), mi Padre ha mantenido mi Identidad intacta y sin pecado. Que me concentre en esa Identidad ahora. Que dé gracias y exprese mi agradecimiento a Dios por no haber perdido mi Identidad, aunque yo estaba seguro de haberla perdido. No puedo ser otra cosa distinta de lo que Dios me creó. “El Amor, que es lo que me creó, es lo que soy”

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