lunes, 12 de agosto de 2013

Leccion 224, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 224

Dios es mi Padre y Él ama a Su Hijo.

1. Mi verdadera Identidad es tan invulnerable, tan sublime e ino­cente, tan gloriosa y espléndida y tan absolutamente benéfica y libre de culpa, que el Cielo la contempla para que ella lo ilumine. 2Ella ilumina también al mundo. 3Mi verdadera Identidad es el regalo que mi Padre me hizo y el que yo a mi vez le hago al mundo. 4No hay otro regalo, salvo éste, que se puede dar o reci­bir. 5Mi verdadera identidad y sólo Ella es la realidad. 6Es el final de las ilusiones. 7Es la verdad.
2. Mi nombre, ¡Oh Padre!, todavía te es conocido. 2Yo lo he olvidado, y no sé adónde me dirijo, quién soy, ni qué es lo que debo hacer. 3Recuér­damelo ahoraPadre, pues estoy cansado del mundo que veo. 4Revélame lo que Tú deseas que vea en su lugar.

Comentario

El Amor es mutuo. Recibimos el Amor de Dios a nosotros al devolvérselo a Él, no hay otro modo de recibirlo, “pues dar es lo mismo que recibir” (1:1). Esta misma frase aparece seis veces en el Curso, y hay muchas otras muy parecidas. Podemos pensar que entendemos lo que significa, pero el Curso nos asegura que para nosotros es el concepto más difícil de aprender de todos los que enseña.

El modo de conocer el Amor de Dios brillando en nuestra mente es devolverle a Dios el Amor. Si ayer en nuestros momentos de quietud nos concentramos en sentir Su Amor a nosotros, concentrémonos hoy en darnos cuenta de nuestro amor a Dios. Donna Cary tiene una hermosa canción que hace uno o dos días escuché en una cinta, y que dice: “Siempre Te amaré”. Desearía poder enviaros a todos esta canción, expresa maravillosamente lo que esta lección dice: “Bailaré a la luz de Tu Amor, amándote eternamente”.

¿Cómo sería tener “plena conciencia de que (el Amor de Dios) es mío, de que arde en mi mente y de su benéfica luz” (1:2)? ¿No es esto lo que todos queremos en lo más profundo de nuestro corazón? Cultivemos hoy esta sensación de amor en nuestro corazón. Que sea esto en lo único en lo que nos concentremos. Nada complicado, ninguna idea, únicamente dejar que nuestro corazón cante con el Amor de Dios, disfrutando de Su Amor por nosotros. Como dice la canción de Salomón en el Antiguo Testamento: “Yo soy de mi Amado, y Él es mío”. Conocer a Dios como el Amado es una de las más elevadas expresiones espirituales.


¿Te has sentado alguna vez en silencio con alguien a quien amas profundamente, mirándole a los ojos, sin palabras? Esa quietud del amor es a lo que esta lección nos está llevando, una unión silenciosa de amor dado y recibido, reconocido y devuelto, fluyendo en una corriente sin fin que fortalece y transforma nuestra mente y nuestro corazón.   

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