viernes, 26 de julio de 2013

Leccion 207, Un Curso de Milagros


Instrucciones para la práctica

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Comentario

Todo lo que necesito ya está dentro de mí. Se me da a conocer cuando lo doy a conocer a otros, porque en realidad no hay “otros”, sólo hay uno. Nos quedamos atrapados en preguntas como: ¿Me perdono a mí mismo primero, y así quedo libre para perdonar a otros? O ¿perdono a mi hermano, y así encuentro el perdón para mí mismo?, y ¿Debo amarme primero a mí mismo antes de poder amar a otros, o viceversa? Cuando hacemos tales preguntas, estamos intentando explicar una realidad unificada partiendo de la base de la dualidad, no podemos tener una respuesta clara porque la pregunta se hace desde un punto de vista equivocado.

 “Aceptar Su infinito Amor por mí” (1:3) es aceptar ese amor por otros, porque todos nosotros somos trozos de una única mente que todos compartimos. No es posible amarme a mí mismo excluyendo a los otros, eso no es amor en absoluto. Tampoco es amor “amar” a alguien y sacrificarme yo a favor suyo.

“Bendigo al mundo porque me bendigo a mí mismo”.Esto no significa que satisfacer las exigencias de mi ego beneficie a todos los demás. Según lo que Hugo y Gayle Prather -maestros del Curso- llaman “psicología de la separación (en su libro Nunca Te Dejaré), muchas personas piensan que amarte a ti mismo significa buscar tu propia felicidad a costa de tu pareja e hijos. Eso no es lo que el Curso enseña aquí. Las cosas se han ido al otro extremo: de sacrificarte a ti mismo por la familia o por tu pareja (en las décadas de 1940 y 1950) a sacrificar a la familia y a tu pareja en beneficio tuyo (en las décadas de 1980 y 1990). Tanto uno como otro son enfoques equivocados basados en el dualismo.
  
“Bendigo al mundo porque me bendigo a mí mismo” podría decirse al revés y ser igualmente verdad: “me bendigo a mí mismo porque bendigo al mundo”. Dar y recibir son lo mismo, ésta es una de las principales lecciones del Curso y, tal como lo reconoce, una de las más difíciles de aprender para nosotros.


“La bendición de Dios irradia sobre mí desde dentro de mi corazón, donde Él mora” (1:2). Dentro de mí se encuentra el Amor de Dios radiante y que todo lo abarca. Cuando me vuelvo a Él, me envuelve e inmediatamente se extiende para abrazar a todos a través de mí. Lo que intenta el Curso es que descubramos eso. “Aún soy tal como Dios me creó”. Aún soy ese Amor. ¿Cómo puedo saber que soy Amor si no lo expreso? Por Su naturaleza, el Amor se extiende a otros y los incluye en Su corazón. El maravilloso descubrimiento de mi propia naturaleza como Amor no puede hacerse sin la extensión de ese Amor a mi hermano. Bendecirme a mí mismo y bendecir al mundo es lo mismo. Cuando bendigo al mundo aprendo a amarme a mí mismo; y de la misma manera, cuando me amo a mí mismo de verdad, me convierto en una bendición para el mundo que me rodea. Necesito a mis hermanos, no para que me den lo que no tengo, sino para recibir y compartir Lo Que Yo Soy. 

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