miércoles, 24 de julio de 2013

Leccion 205, Un Curso de Milagros



Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica del Sexto Repaso

Comentario

El Sexto Repaso dice: “Cada una de estas ideas por sí sola podría salvarte si verdaderamente la aprendie­ses” (L.rVI.Int.1:3). Añade: “Cada uno de ellos encierra dentro de sí el programa de estu­dios en su totalidad si se entiende, se practica, se acepta y se aplica a todo cuanto parece acontecer a lo largo del día” (L.rVI.Int.2:2). Me resulta fácil creer eso de la lección de hoy. Si te gusta aprender de memoria (como a mí), esta lección es excelente para añadirla a tu lista.

Es importante fijarse en los cuatro verbos que se consideran como pasos para aprender “el programa de estu­dios en su totalidad”:

Se entiende: Aunque el Curso recomienda la experiencia muchísimo, y señala que una teología universal es imposible (C.Int.2:5), no puedes pasar por alto el hecho de que considera que la comprensión es muy importante. ¿Cómo podemos tener la experiencia de una idea si no la entendemos? La comprensión se considera aquí un paso fundamental. Antes de poder utilizar la idea “Deseo la paz de Dios”, tenemos que entenderla. Dentro de la idea ( y claramente presentada en la Lección 185) está el hecho de que en mi mente hay un pensamiento muy fuerte, quizá no reconocido, de que no quiero la paz de Dios, y esto lo demuestra el hecho de que no la siento. Sin embargo, ese pensamiento que se opone está equivocado, y podemos rechazarlo cada vez que nos demos cuenta de él, y sustituirlo con la verdad: “Deseo la paz de Dios”.

Se practica: Eso es lo que estamos haciendo en estas lecciones del Libro de Ejercicios. Practicar. Repetirlas a menudo. Pasando largos periodos de tiempo permitiendo que el pensamiento se sumerja y se adentre en los lugares más escondidos de nuestra mente.

Se acepta: Date cuenta de que la aceptación viene después de la práctica. Al principio nuestra mente no acepta la idea, incluso después de entender la idea. Cuando empezamos a practicar, no aceptamos de verdad que queremos la paz de Dios. Pensamos que queremos otra cosa, algo más, algo además de la paz de Dios. Volver a entrenar nuestra mente necesita mucha práctica, hasta que empezamos a darnos cuenta de que “la paz de Dios es lo único que quiero”.

Se aplica: Habiendo aceptado la idea, podemos empezar a aplicarla a cada “aparente suceso” diferente durante el día. Cuando nuestro coche nos deja tirados en medio del tráfico: “Deseo la paz de Dios”. Cuando nos encontramos deseando una relación más satisfactoria: “La paz de Dios es lo único que quiero”. Cuando nos sentimos impulsados a conseguir alguna meta terrenal a cualquier precio: “La paz de Dios es mi única meta”. Cuando pensamos que no sabemos qué hacer o a dónde ir: “La paz de Dios es la mira de todo mi vivir aquí”. Y cuando nos sentimos impulsados a satisfacer alguna necesidad de nuestro cuerpo: “No soy un cuerpo. La paz de Dios es lo único que quiero. Soy libre”.


Gracias, Padre, por tu recordatorio de Tu paz hoy. No necesito nada más, y no quiero nada más. ¡Que la lección de hoy se convierta en la idea central de mi vida, para que pueda decir de corazón: “La paz de Dios es mi única meta”!

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