lunes, 22 de julio de 2013

Leccion 203, Un Curso de Milagros


Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica del Sexto Repaso

Comentario

“Invocar el Nombre de Dios” no es repetir simplemente una palabra, sino extenderme desde dentro de mí mismo, afirmando mi unión con mi Fuente. Invocar Su Nombre significa recordarme a mí mismo mi unión con Dios. “Es mi nombre, así como el de Él” (1:2). En cierto sentido, se parece al modo en que los soldados en una batalla gritan el nombre de su rey, o al modo en que los seguidores de un equipo de fútbol gritan el nombre de su equipo favorito en un partido. Es un medio de identificación, una afirmación de solidaridad y unidad.

Sin embargo, es mucho más que cualquier cosa con la que podamos compararlo en este mundo, porque el Nombre de Dios es mi nombre en un sentido mucho más profundo que la simple identificación emocional. Yo soy la extensión de Dios. Lo que Él es, yo lo soy también. Yo estoy creado de la esencia de Dios. “Aún soy tal como Dios me creó” (1:5). Afirmo esto cada vez que invoco Su Nombre.

Invocar el Nombre de Dios es recordarme a mí mismo que el otro nombre y el otro ser con el que generalmente me identifico no es lo que yo soy. “No soy un cuerpo” (1:3). En medio de la agitación y de las ocupaciones diarias, cuando invoco este Nombre, se me libera “de todo pensamiento de maldad y de pecado” (1:2). Cuando me siento limitado o aprisionado, puedo volver a descubrir mi libertad invocando Su Nombre. Al hacerlo, recuerdo que no soy un cuerpo, que soy libre.


Cuando me siente en quietud hoy, que me abra a la experiencia de Dios. Que me dé cuenta de ese inmenso Amor sin límites. Que me sumerja en Su paz sin límites. Que sea llevado dentro de Su alegría. Y mientras lo hago, que recuerde que todo lo que experimento de Dios, ESO SOY YO. Que también invoque mi propio nombre. Al recordar a Dios, que recuerde: “Esto soy yo”.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario