sábado, 13 de julio de 2013

Leccion 194, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 194

Pongo el futuro en Manos de Dios.

1. La idea de hoy es un paso más en el proceso de alcanzar cuanto antes la salvación, y ciertamente es un paso gigantesco. 2Es tan grande la distancia que abarca que te lleva justo antes del Cielo, con el objetivo a la vista y los obstáculos ya superados. 3Tus pies ya se han posado sobre las praderas que te dan la bienvenida a las puertas del Cielo: el tranquilo lugar de la paz en el que aguardas con certeza el paso final de Dios. 4¡Qué lejos nos encontramos ahora de la tierra! 5¡Y cuán cerca de nuestra meta! 6¡Cuán corto es el trecho que aún nos queda por recorrer!
2. Acepta la idea de hoy, y habrás dejado atrás toda ansiedad, los abismos del infierno, la negrura de la depresión, los pensamien­tos de pecado y toda la devastación que la culpabilidad acarrea. 2Acepta la idea de hoy, y habrás liberado al mundo de todo apri­sionamiento, al romper las pesadas cadenas que mantenían cerrada la puerta a la libertad. 3Te has salvado, y tu salvación se vuelve el regalo que le haces al mundo porque tú lo has recibido.
3. No hay un solo instante en que se pueda sentir depresión, expe­rimentar dolor o percibir pérdida alguna. 2No hay un solo instante en que se pueda instaurar el pesar en un trono y adorársele. 3No hay un solo instante en que uno pueda ni siquiera morir. 4Y así, cada instante que se le entrega a Dios, con el siguiente ya entre­gado a Él de antemano, es un tiempo en que te liberas de la tris­teza, del dolor y hasta de la misma muerte.
4. Tu futuro está en Manos de Dios, así como tu pasado y tu pre­sente. 2Para Él son lo mismo, y, por lo tanto, deberían ser lo mismo para ti también. 3Sin embargo, en este mundo la progresión tem­poral todavía parece ser algo real. 4No se te pide, por lo tanto, que entiendas que el tiempo no tiene realmente una secuencia lineal. 5Sólo se te pide que te desentiendas del futuro y lo pongas en Manos de Dios. 6Y mediante tu experiencia comprobarás que tam­bién has puesto en Sus Manos el pasado y el presente, porque el pasado ya no te castigará más y ya no tendrá sentido tener miedo del futuro.
5. Libera el futuro. 2Pues el pasado ya pasó, y el presente, libre de su legado de aflicción y sufrimiento, de dolor y de pérdida, se convierte en el instante en que el tiempo se escapa del cautiverio de las ilusiones, por las que ha venido recorriendo su despiadado e inevitable curso. 3Cada instante que antes era esclavo del tiempo se transforma ahora en un instante santo, cuando la luz que se mantenía oculta en el Hijo de Dios se libera para bendecir al mundo. 4Ahora el Hijo de Dios es libre, y toda su gloria resplan­dece sobre un mundo que se ha liberado junto con él para com­partir su santidad.
6. Si pudieses ver la lección de hoy como la liberación que real­mente representa, no vacilarías en dedicarle el máximo esfuerzo de que fueses capaz, para que pasase a formar parte de ti. 2Con­forme se vaya convirtiendo en un pensamiento que rige tu mente, en un hábito de tu repertorio para solventar problemas, en una manera de reaccionar de inmediato ante toda tentación, le trans­mitirás al mundo lo que has aprendido. 3Y en la medida en que aprendas a ver la salvación en todas las cosas, en esa misma medida el mundo percibirá que se ha salvado.
7. ¿Qué preocupación puede asolar al que pone su futuro en las amorosas Manos de Dios? 2¿Qué podría hacerle sufrir? 3¿Qué podría causarle dolor o la sensación de haber perdido algo? 4¿Qué podría temer? 5¿Y de qué otra manera podría contemplar todo sino con amor? 6Pues el que ha escapado de todo temor de futuros sufrimientos ha encontrado el camino de la paz en el pre­sente y la certeza de un cuidado que el mundo jamás podría ame­nazar. 7Está seguro de que aunque su percepción puede ser errónea, jamás le ha de faltar corrección. 8Es libre de volver a elegir cuando se ha dejado engañar; de cambiar de parecer cuando se ha equivocado.
8. Pon, por lo tanto, tu futuro en Manos de Dios. 2Pues de esta manera invocas Su recuerdo para que regrese y reemplace todos tus pensamientos de maldad y pecado por la verdad del amor. 3¿Crees acaso que el mundo no se beneficiaría con ello y que cada criatura viviente no respondería con una percepción corregida? 4El que se encomienda a Dios ha puesto también al mundo en las mismas Manos a las que él ha recurrido en busca de consuelo y seguridad. 5Ha dejado a un lado las enfermizas ilusiones del mundo junto con las suyas, y de este modo le ofrece paz al mundo, así como a sí mismo.
9. Ahora sí que nos hemos salvado. 2Pues descansamos despreo­cupados en Sus Manos, seguros de que sólo cosas buenas nos pue­den acontecer. 3Si nos olvidamos de ello, se nos recuerda dulce­mente. 4Si aceptamos un pensamiento que denota falta de perdón, éste queda prontamente reemplazado por el reflejo del amor. 5Y si nos sentimos tentados de atacar, apelamos a Aquel que vela nues­tro descanso para que tome por nosotros la decisión que nos aleja de la tentación. 6El mundo ha dejado de ser nuestro enemigo, pues hemos decidido ser su Amigo.

Instrucciones para la práctica

Instrucciones generales: Tiempo de quietud por la mañana/ noche, recordatorios cada hora, Respuesta a la tentación. Ver la Lección 153.

Propósito: Otro paso gigantesco. Abandonar tu obsesión por el futuro y tu miedo a él, para sentir un instante santo, libre de la esclavitud del tiempo. Esto intensificará tu motivación y fortalecerá tu compromiso. Y salvará al mundo.

Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más.
Libera al futuro. Ponlo en Manos de Dios. Y luego descansa sin preocupaciones, seguro de que sólo lo bueno puede sucederte. De este modo invitas a Su recuerdo que venga a ti y reemplace todos tus pensamientos dementes con la verdad.

Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten).
Utiliza la lección: “Pongo el futuro en Manos de Dios”, para perdonar todos los acontecimientos de la hora anterior. No dejes que nada arroje su sombra sobre la hora que empieza. De este modo sueltas las cadenas del tiempo y permaneces libre mientras continúas en el tiempo.

Recordatorios frecuentes: Dedica todo el esfuerzo que puedas a la idea de hoy, para que llegue a  formar parte de ti.

Respuesta a la tentación: Si te sientes tentado a albergar resentimientos o ataque, repite la idea, y pide al Espíritu Santo que elija por ti y que aparte la tentación.

Observaciones: Haz de la idea de hoy una norma de pensamiento, una costumbre de tu repertorio para responder a la tentación. (Fíjate en que se supone que ¡estás construyendo un repertorio de maneras de responder a la tentación!) Asegúrate de que si tu percepción es defectuosa, será corregida. Si te olvidas, se te recordará.

Comentario

El obstáculo que nos impide recordar nuestro Ser, del que trata la lección de hoy, es “todo temor de futuros sufrimientos” (7:6). De nuevo, el instante santo es una parte fundamental del remedio. Todas las referencias a “no hay un solo instante” (3:2) y “el instante en que el tiempo se escapa del cautiverio de las ilusiones” (5:2), hablan de manera indirecta del instante santo, del que se habla más directamente en 5:3: “Cada instante que antes era esclavo del tiempo se transforma ahora en un instante santo”.

La idea es muy sencilla: poner el futuro en Manos de Dios. Se le llama “un paso gigantesco” hacia una rápida salvación. (Los otros pasos gigantescos estuvieron en las lecciones 61, 66, 94 y 135). Se dice que este paso gigantesco nos lleva a las praderas que nos dan la bienvenida a las puertas del Cielo (1:3). Es el remedio para la ansiedad, los abismos del infierno, la depresión, los pensamientos de pecado y de culpa. ¿Cómo puede ser tan poderosa esta sencilla idea?

Por un momento piensa en cómo tu vida y tu actitud mental cambiaría si supieras profunda y completamente -no sólo creer sino saber- que tu futuro está totalmente en las Manos de un Dios amoroso. ¿No es bastante fácil ver que esto eliminaría la ansiedad, los miedos al infierno, la depresión, la tentación e incluso la culpa? Aunque sencilla, ésta es una idea extremadamente poderosa, y muy poderosa al practicarla.

Una vez más, no se espera que cambiemos de repente de un estado de ansiedad-casi-constante a uno de gozosa confianza en Dios, (Ernest Becker, en su libro La Negación de la Muerte, habla del llamado estado normal del hombre como uno en el que debajo de todas las cosas existe el ruido del pánico). Se nos está pidiendo que practiquemos tener instantes de esa confianza, libres de pánico. Durante un momento, sólo un momento, “Sólo se te pide que te desentiendas del futuro y lo pongas en Manos de Dios” (4:5). Al hacerlo, entenderemos que con ello hemos dado a Dios el pasado y el presente. En ese instante santo nos libraremos del sufrimiento y la desgracia, del dolor y la pérdida. La luz dentro de nosotros será libre para brillar y bendecir al mundo.

En cualquier instante, cuando tomamos un instante para ello, sin pasado ni futuro, no podemos sentir depresión, experimentar dolor o percibir pérdida alguna, ni sentir pesar ni siquiera morir (3:1-3). Cada una de esas experiencias depende de nuestra consciencia de que el pasado o el futuro la mantienen y le dan la ilusión de realidad, pero que ninguna de ellas existe en el momento presente.

Tomemos por ejemplo el sufrimiento. El sufrimiento se basa tan claramente en el pasado que casi no necesita la explicación de que si por un momento se elimina el pasado de nuestra mente, desaparecería el sufrimiento. La mente está continuamente recordando a nuestro ser querido, y luego insiste en que la ausencia de ese ser querido exige dolor emocional. Sin embargo, cuando el ser amado formaba parte nuestra vida, hubo miles de momentos en los que no estaba físicamente presente con nosotros y seguíamos siendo felices; entonces ¿por qué no podemos ser felices ahora? El sufrimiento no es nada más que una trampa de la mente que nos estamos tendiendo a nosotros mismos. El futuro nos presenta sufrimiento porque anticipamos una serie sin fin de momentos en los que nos falta el ser amado. Pero esos momentos no están aquí ahora; de nuevo es una trampa de la mente. El sufrimiento no existe cuando estamos completamente en el momento presente, en el instante santo.

Cuando aprendemos a poner el futuro en las Manos de Dios, un instante después de otro, nos liberamos. “Y así, cada instante que se le entrega a Dios, con el siguiente ya entregado a Él de antemano, es un tiempo en que te liberas de la tristeza, del dolor y hasta de la misma muerte” (3:4). Fíjate en la semejanza con la práctica de ayer de aplicar el perdón al final de cada hora a todo lo que ha sucedido en esa hora, liberando así la hora siguiente. La lección dice que esto tiene que convertirse en “un pensamiento que rige tu mente, en un hábito de tu repertorio para solventar problemas, en una manera de reaccionar de inmediato ante toda tentación” (6:2). De esto trata toda esta práctica: desarrollar nuevas costumbres de espiritualidad que rompan el patrón de nuestro desquiciado modo de pensar, dejándonos libres para una experiencia nueva. Cuanto más experimentemos, más la desearemos, hasta que finalmente ocupe nuestra mente por completo.

3 comentarios:

  1. empece a leer esporadicamente y ya se me hace una obligacion continuar, me encantan las explicaciones sencillas sobre las lecciones, abrazo desde Banfield...

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  2. A mi me pasa igual,al ego le da miedo pero es adictivo... ;) feliz dia a todos !

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    1. Así es Rafael!! el ego tiembla y ya estamos en camino. No habrá vuelta atrás. Saludos desde Mendoza, Argentina!!

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