jueves, 4 de julio de 2013

Leccion 185, Un Curso de Milagros

LECCIÓN 185

                                                                                            Deseo la paz de Dios.

1. Decir estas palabras no es nada. 2Pero decirlas de corazón lo es todo. 3Si pudieras decirlas de corazón, aunque sólo fuera por un instante, jamás volverías a sentir pesar alguno, en ningún lugar momento. 4Recobrarías plena conciencia del Cielo, el recuerdo de Dios quedaría completamente reinstaurado y la resurrección de toda la creación plenamente reconocida.
2. No hay nadie que pueda decir estas palabras de todo corazón y no curarse. 2Ya no podría entretenerse con sueños o creer que él mismo es un sueño. 3No podría inventar un infierno y creer que es real. 4Desea la paz de Dios, y se le concede. 5Eso es todo lo que desea y todo lo que recibirá. 6Son muchos los que han dicho estas palabras. 7Pero ciertamente son muy pocos los que las han dicho de todo corazón. 8No tienes más que contemplar el mundo que ves a tu alrededor para cerciorarte de cuán pocos han sido.9EI mundo cambiaría completamente sólo con que hubiese dos que estuviesen de acuerdo en que esas palabras expresan lo único que ellos anhelan.
3. Dos mentes con un solo empeño se vuelven tan fuertes que lo que disponen se convierte en la Voluntad de Dios. 2Pues las men­tes sólo se pueden unir en la verdad. 3En sueños, no hay dos mentes que puedan compartir la misma intención. 4Para cada una de ellas, el héroe del sueño es distinto, y el desenlace desea­do no es el mismo. 5El perdedor y el ganador simplemente alter­nan de acuerdo con patrones cambiantes, según la proporción entre ganancia y pérdida y entre pérdida y ganancia adquiere un matiz diferente o adopta otra forma.
4. No obstante, lo único que se puede hacer en sueños es transigir. 2A veces ello adopta la forma de una unión, pero sólo la forma. 3En los sueños nada tiene significado, pues su meta es transigir. 4Las mentes no pueden unirse en sueños. 5Sólo pueden negociar.6Mas ¿qué trato podrían hacer que les proporcionase la paz de Dios? 7Las ilusiones pasan a ocupar Su lugar. 8Y lo que Él es deja de tener significado para las mentes dormidas empeñadas en hacer tratos, cada cual en beneficio propio y a costa de la pérdida de otros.
5. Desear la paz de Dios de todo corazón es renunciar a todos los sueños. 2Pues nadie que diga estas palabras de todo corazón desea ilusiones o busca la manera de obtenerlas. 3Las ha examinado y se ha dado cuenta de que no le ofrecen nada. 4Ahora procura ir más allá de ellas, al reconocer que otro sueño sólo le ofrecería lo mismo que los demás. 5Para él, todos los sueños son uno. 6Y ha aprendido que la única diferencia entre ellos es la forma que adoptan, pues cualquiera de ellos suscitará la misma desespera­ción y zozobra que los demás.
6. La mente que desea la paz de todo corazón debe unirse a otras mentes, pues así es como se alcanza la paz. 2Y cuando el deseo de paz es genuino, los medios para encontrarla se le conceden en una forma tal que cada mente que honradamente la busca pueda entender. 3Sea cual sea la forma en que se presente la lección, ha sido planeada para él de tal forma que si su petición es sincera, no dejará de verla. 4Mas si su petición no es sincera, no habrá manera de que pueda aceptar la lección o realmente aprenderla.
7. Dediquemos hoy nuestra práctica a reconocer que nuestras palabras son sinceras. 2Deseamos la paz de Dios. 3No es éste un deseo vano. 4Estas palabras no piden que se nos dé otro sueño. 5No procuran transigir, ni es su afán hacer otro trato con la espe­ranza de que aún haya un sueño que pueda tener éxito cuando todos los demás han fracasado. 6Decir estas palabras de corazón es reconocer la futilidad de las ilusiones y pedir lo eterno en lugar de sueños cambiantes que parecen ofrecerte distintas cosas, pero que en realidad son igualmente insubstanciales.
8. Dedica hoy tus sesiones de práctica a escudriñar minuciosa­mente tu mente a fin de descubrir los sueños que todavía anhe­las. 2¿Qué es lo que realmente deseas de corazón? 3Olvídate de las palabras que empleas al hacer tus peticiones. 4Considera sola­mente lo que crees que te brindará consuelo y felicidad. 5Pero no te desalientes por razón de las ilusiones que aún perduran, pues la forma que éstas adoptan no es lo que importa ahora. 6No dejes que algunos sueños te resulten más aceptables, mientras que te avergüenzas de otros y los ocultas. 7Son todos el mismo sueño. 8Y puesto que todos son el mismo, debes hacer la siguiente pregunta con respecto cada uno de ellos: "¿Es esto lo que deseo en lugar del Cielo y de la paz de Dios?"
9. Ésta es la elección que tienes ante ti. 2No te dejes engañar pen­sando que es de otra manera. 3En esto no es posible transigir. 4Pues o bien eliges la paz de Dios o bien pides sueños. 5Y éstos vendrán a ti tal como los hayas pedido. 6Mas la paz de Dios ven­drá con igual certeza para permanecer contigo para siempre. 7No desaparecerá con cada curva o vuelta del camino, para luego rea­parecer sin que sea reconocible, en formas que cambian y varían con cada paso que das.
10. Deseas la paz de Dios. 2eso es lo que desean también todos los que parecen ir en pos de sueños. 3Esto es lo único que pides tanto para ellos como para ti cuando haces esta petición con pro­funda sinceridad. 4Pues de esa manera procuras alcanzar lo que ellos desean realmente, y unes tu intención a lo que ellos quieren por encima de todas las cosas, hecho éste que tal vez les sea des­conocido, si bien para ti es indudable. 5Ha habido ocasiones en las que has sido débil y en las que has estado indeciso acerca de tu propósito, inseguro con respecto a lo que quieres, adónde ir a buscarlo o adónde acudir en busca de ayuda. 6Mas la ayuda ya se te ha dado. 7¿No la aprovecharías ahora compartiéndola?
11. Nadie que realmente busque la paz de Dios puede dejar de hallarla. 2Pues lo único que pide es dejar de engañarse a sí mismo, al negarse lo que la Voluntad de Dios dispone. 3¿Quién que pida lo que ya es suyo podría quedar insatisfecho? 4¿Quién que pida una respuesta que él puede dar puesto que dispone de ella puede decir que no se le ha contestado? 5La paz de Dios es tuya.
12. La paz fue creada para ti; tu Creador te la dio y la estableció como Su propio regalo eterno. 2¿Cómo ibas a poder fracasar cuando tan sólo estás pidiendo lo que Él dispone para ti? 3¿Y cómo podría ser que lo que pides fuese solamente para ti? 4No hay nin­gún don de Dios que no sea para todos. 5Éste es el atributo que distingue a los dones de Dios de todos los sueños que jamás pare­cieron ocupar el lugar de la verdad.
13. Cuando un don de Dios ha sido pedido y aceptado por cual­quiera, nadie pierde, sino que todos salen ganando. 2Dios da sólo con el propósito de unir. 3Para Él, quitar no tiene sentido. 4Y cuando tampoco lo tenga para ti, sabrás a ciencia cierta que com­partes una sola Voluntad con Él, así como Él contigo. 5Y también sabrás que compartes una sola Voluntad con todos tus hermanos, cuya intención es la tuya.
14. Es esa única intención lo que buscamos hoy al unir nuestros deseos a la necesidad de cada corazón, al llamamiento de cada mente, a la esperanza que se encuentra más allá de toda desespe­ración, al amor que el ataque quisiera ocultar y a la hermandad que el odio ha intentado quebrantar, pero que aún sigue siendo tal como Dios la creó. 2Con semejante ayuda a nuestro lado, ¿cómo íbamos a poder fracasar hoy cuando pedimos que se nos conceda la paz de Dios?



Resumen de la práctica

Instrucciones generales: Tiempo de quietud por la mañana/ noche, recordatorios cada hora, Respuesta a la tentación. Ver la Lección 153.

Propósito: Ir más allá de los sueños que todavía deseas y reconocer que verdaderamente quieres la paz de Dios. Sentir Su paz intensificará tu motivación y fortalecerá tu compromiso. No puedes fracasar hoy.

Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más.
  • Busca en tu mente cuidadosamente para encontrar los sueños que todavía valoras. Olvida las palabras, ¿qué es lo que desea tu corazón de verdad? ¿Qué crees que te consolará y te hará feliz? No escondas ningún sueño, sácalos todos a la luz.
  • De cada sueño que así destapes, pregúntate: "¿Es esto lo que deseo en lugar del Cielo y de la paz de Dios?”
  • Después de esto, practica y reconoce que dices de todo corazón las palabras de la idea de hoy: “Deseo la paz de Dios”.

Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten).

Respuesta a la tentación: (Sugerencia) Cuando sientas la tentación de querer otra cosa distinta a la paz de Dios, di: "¿Es esto lo que deseo en lugar del Cielo y de la paz de Dios?” Luego intenta reconocer que lo que de verdad quieres es la paz de Dios.

Comentario

Resulta curioso que una lección sobre la paz de Dios caiga en el día que se celebra una revolución (el Día de la Independencia, en los Estados Unidos). El sacerdote de la Unidad de nuestra localidad sugirió que en lugar del Día de la Independencia, deberíamos celebrar el “Día de la Dependencia Interior”, que pensé que era un juego de palabras simpático y muy adecuado.

Esta lección enseña dos cosas aparentemente opuestas. Primero, nos enseña que todavía no decimos de corazón: “Deseo la paz de Dios”. Pues si lo deseáramos de verdad, la tendríamos. “No hay nadie que pueda decir estas palabras de todo corazón y no curarse” (2:1).

Son muchos los que han dicho estas palabras. Pero ciertamente son muy pocos los que las han dicho de todo corazón. No tienes más que contemplar el mundo que ves a tu alrededor para cerciorarte de cuán pocos han sido.   (2:6-8)

Ciertamente, no tienes más que observar las noticias de la noche. O pasar un día en tu trabajo.

Segundo, nos enseña que, a pesar de nuestra dedicación a otras cosas distintas de la paz, en nuestro corazón queremos la paz de Dios. Todos nosotros. “Deseamos la paz de Dios. No es éste un deseo vano” (7:2-3). “Deseas la paz de Dios. Y eso es lo que desean también todos los que parecen ir en pos de sueños” (10:1-2).

La tarea que el Curso nos pone es descubrir y aceptar estos dos hechos. Aceptarlos completamente, hay que aceptar que son verdad en todos, no sólo en nosotros. Esto es universalmente verdad, un hecho que es cierto. Es verdad, como lo afirma la línea de la cita que acabo de mencionar, incluso de aquellos que parecen buscar otra cosa distinta. Puede que no se den cuenta de que la paz de Dios es lo que verdaderamente quieren, pero así es (10:4). Nuestro trabajo al relacionarnos con otros es recordar este deseo universal de todos los corazones, y unirnos al deseo de la otra persona, aunque ellos no se den cuenta del deseo.

Podemos creer firmemente que nosotros, y todo el mundo, queremos la paz de Dios por encima de todas las cosas. Tenemos que admitir que hemos creído tontamente que queríamos algo más que la paz. Pues si queremos sólo la paz, tendremos sólo paz; así es como funciona el poder de nuestra mente. Así que, debe haber algo que hemos valorado más que la paz. Entonces, nuestro primer trabajo es descubrir estos deseos, examinarlos honestamente, reconocer que sólo son deseos tontos, y abandonarlos para alcanzar la paz.

Queremos las cosas más tontas en lugar de la paz. Veo a un niño romper a llorar y darle una pataleta porque no puede tomar su desayuno favorito, y pienso: “La única diferencia entre él y yo es que yo he desarrollado modos más refinados de disimular mis rabietas”. Comparto una casa con Robert Perry, su familia y otro soltero, y tenemos invitados. He descubierto que pierdo la paz por bandejas de helado vacías y por rollos de papel higiénico agotados. He perdido la paz por asuntos tales como quién fue el último en sacar la basura.

Quizá, hoy, todos podamos pararnos cuando ocurren estos “pequeños” momentos de separación, y preguntarnos a nosotros mismos: "¿Es esto lo que deseo en lugar del Cielo y de la paz de Dios?" (8:8) ¿De verdad es más importante un rollo de papel higiénico que la paz de Dios?

Voy a señalar otra interesante observación de esta lección. No puedes tener paz tú solo. “La mente que desea la paz de todo corazón debe unirse a otras mentes, pues así es como se alcanza la paz” (6:1). Para tener paz  tenemos que estar dispuestos a que la otra persona entre en nuestro corazón. Tenemos que reconocer su deseo de paz al igual que el nuestro.

La tentación siempre es pensar: “Yo quiero la paz. El problema es la otra persona”. Sin embargo, recuerda siempre que si quieres la paz, la tendrás. Ninguna otra persona te la puede quitar. Si no puedes estar en paz cuando la otra persona parece querer algo distinto de la paz, lo que le estás enseñando a esa persona es que tu paz depende de que ella cambie. Esto refuerza la misma creencia en la otra persona, y sigue creyendo que su paz depende de que cambies tú.

Nuestro trabajo es mirar más allá de los deseos competitivos de la otra persona a la realidad universal que está debajo de todos esos deseos conflictivos. Si vamos a enseñar paz, sea cual sea la forma en que respondamos a los demás, nuestras acciones deben expresarles a esas personas que la paz ya está en ellos, lista para que ellos la reciban tan pronto como la deseen. Unimos nuestra intención a lo que ellos buscan por encima de todas las cosas (10:4). Por muy escondida que parezca estar su intención, mediante nuestra fe en ella, la hacemos salir de ellos, les damos la oportunidad de reconocerla dentro de sí mismos y poner su mente de acuerdo con esa intención.


Es esa única intención lo que buscamos hoy al unir nuestros deseos a la necesidad de cada corazón, al llamamiento de cada mente, a la esperanza que se encuentra más allá de toda desespe­ración, al amor que el ataque quisiera ocultar y a la hermandad que el odio ha intentado quebrantar, pero que aún sigue siendo tal como Dios la creó.   (14:1).

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