viernes, 12 de julio de 2013

Leccion 132, Un Curso de Milagros


LECCIÓN 193

Todas las cosas son lecciones que Dios quiere que yo aprenda.

1. El aprendizaje es algo que le es ajeno a Dios. 2Su Voluntad, no obstante, se extiende hasta lo que Él no entiende; en el sentido de que Él dispone que la felicidad que Su Hijo heredó de Él perma­nezca incólume, sea perpetua y por siempre en aumento, que se expanda eternamente en la dicha de la creación plena, que sea eternamente receptiva y absolutamente ilimitada en Él. 3Ésa es Su Voluntad. 4Por lo tanto, Su Voluntad provee los medios para garantizar que se cumpla.
2. Dios no ve contradicciones. 2Sin embargo, Su Hijo cree verlas. 3Por eso tiene necesidad de Alguien que pueda corregir su defec­tuosa manera de ver y ofrecerle una visión que lo conduzca de nuevo al lugar donde la percepción cesa. 4Dios no percibe en abso­luto. 5Él es, no obstante, Quien provee los medios para que la percepción se vuelva lo suficientemente hermosa y verdadera como para que la luz del Cielo pueda resplandecer sobre ella. 6Él es Quien responde a las contradicciones de Su Hijo y Quien man­tiene su inocencia a salvo para siempre.
3. Éstas son las lecciones que Dios quiere que aprendas. 2Su Voluntad se refleja en todas ellas, y ellas reflejan Su amorosa bondad para con el Hijo que Él ama. 3Cada lección encierra un pensamiento central, que se repite en todas ellas. 4Su forma es lo único que varía, según las circunstancias, los acontecimientos, los personajes o los temas, los cuales parecen ser reales, pero no lo son. 5Su contenido fundamental es el mismo 6es éste:

7Perdona, y verás esto de otra forma.

4. Es cierto que no parece que todo pesar no sea más que una falta de perdón. 2No obstante, eso es lo que en cada caso se encuentra tras la forma. 3Esta uniformidad es lo que hace que el aprendizaje sea algo seguro, ya que la lección es tan simple que al final no se puede rechazar. 4Nadie se puede ocultar para siempre de una ver­dad tan obvia, que aunque se presenta en innumerables formas, se puede reconocer con la misma facilidad en todas ellas, sólo con desear ver la simple lección que allí se encierra.

Perdona, y verás esto de otra forma.

2Éstas son las palabras que el Espíritu Santo te dice en medio de todas tus tribulaciones, todo dolor y todo sufrimiento, sea cual sea la forma en que se manifiesten. 3Éstas son las palabras con las que a la tentación le llega su fin, y la culpabilidad, abandonada ahora, deja de ser objeto de reverencia. 4Éstas son las palabras que ponen fin al sueño de pecado y eliminan todo miedo de la mente. 5Éstas son las palabras mediante las cuales al mundo entero le llega la salvación.
6. ¿No deberíamos acaso aprender a decir estas palabras cada vez que nos sintamos tentados de creer que el dolor es real y la muerte se vuelva nuestra elección en lugar de la vida? 2¿No deberíamos acaso aprender a decirlas una vez que hayamos comprendido el poder que tienen para liberar a todas las mentes de la esclavitud? 3Éstas son palabras que te dan poder sobre todos los aconteci­mientos que parecen tener control sobre ti. 4Ves esos aconte­cimientos correctamente cuando mantienes estas palabras en tuconciencia, sin olvidarte de que son aplicables a todo lo que ves o a todo lo que cualquier hermano contemple erróneamente.
7. ¿Cómo puedes saber cuándo estás viendo equivocadamente o cuándo no está alguien percibiendo la lección que debería apren­der? 2¿Parece ser real el dolor en dicha percepción? 3Si lo parece, ten por seguro que no se ha aprendido la lección, 4y que en la mente que ve el dolor a través de los ojos que ella misma dirige permanece oculta una falta de perdón.
8. Dios no quiere que sigas sufriendo de esa manera. 2Él quiere ayudarte a que te perdones a ti mismo. 3Su Hijo no recuerda quién es, 4y Dios no quiere que se olvide de Su Amor ni de todos los dones que Su Amor trae consigo. 5¿Renunciarías ahora a tu propia salvación? 6¿Dejarías acaso de aprender las sencillas lecciones que el Maestro celestial pone ante ti para que todo dolor desaparezca y el Hijo pueda recordar a su Padre?
9. Todas las cosas son lecciones que Dios quiere que aprendas. 2Él no deja ningún pensamiento rencoroso sin corregir, ni que ninguna espina o clavo lastime en modo alguno a Su santo Hijo. 3Él quiere asegurarse de que su santo descanso permanezca sereno e imperturbable, sin preocupaciones, en un hogar eterno que cuida de él. 4Él quiere que todas las lágrimas sean enjugadas y que no quede ni una sola más por derramar, ni ninguna que sólo esté esperando el momento señalado para brotar. 5Pues Dios ha dispuesto que la risa reemplace a cada una de ellas y que Su Hijo sea libre otra vez.
10. Hoy trataremos de superar en un solo día miles de aparentes obstáculos a la paz. 2Deja que la misericordia llegue a ti cuanto antes. 3No trates de posponer su llegada ni un sólo día, minuto o instante más. 4Para eso se hizo el tiempo. 5Úsalo hoy para lo que es. 6Dedica, mañana y noche, el tiempo que puedas a lo que éste tiene como propósito, y no permitas que el tiempo que dediques sea menos que el que sea necesario para satisfacer tu más impe­riosa necesidad.
11. Da todo lo que puedas, y luego da un poco más. 2Pues ahora nos levantaremos apresuradamente e iremos a casa de nuestro Padre. 3Hemos estado ausentes demasiado tiempo y ya no quere­mos seguir demorándonos más aquí. 4Según practicamos, pense­mos en todas las cosas con las que nos hemos quedado para resolverlas por nuestra cuenta y que hemos mantenido fuera del alcance de la curación. 5Entreguémoselas a Aquel que sabe cómo contemplarlas de manera que desaparezcan. 6La verdad es Su mensaje; la verdad es Su enseñanza. 7Suyas son las lecciones que Dios quiere que aprendamos.
12. Hoy, y en los días venideros, dedica un poco de tiempo cada hora a practicar la lección del perdón tal como se indique. 2Trata de aplicarla a lo acontecido en esa hora, de manera que la próxima esté libre de todo ello. 3De esta manera, las cadenas del tiempo se desatarán fácilmente. 4No dejes que ninguna hora arroje su som­bra sobre la siguiente, y cuando haya transcurrido, deja que todo lo acontecido se vaya con ella. 5De este modo, permanecerás libre y en paz eterna en el mundo del tiempo.
13. Ésta es la lección que Dios quiere que aprendas: Hay una manera de contemplarlo todo que te acerca más a Él y a la salva­ción del mundo. 2todo lo que habla de terror, responde de esta manera:

3Perdonaré, y esto desaparecerá.

4Repite estas mismas palabras ante toda aprensión, preocupación o sufrimiento. 5entonces estarás en posesión de la llave que abre las puertas del Cielo y que hace que el Amor de Dios el Padre llegue por fin hasta la tierra para elevarla hasta el Cielo. 6Dios Mismo dará este paso final. 7No te niegues a dar los pequeños pasos que te pide para que puedas llegar hasta Él.


Resumen de la práctica

Instrucciones generales: Tiempo de quietud por la mañana/ noche, recordatorios cada hora, Respuesta a la tentación. Ver la Lección 153.

Propósito: Abandonar tu falta de perdón para sentir la libertad y la paz que hay en ti. Esto intensificará tu motivación y fortalecerá tu compromiso. Y salvará al mundo.

Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más.
Durante la práctica piensa en todas las cosas que te has conservado para resolverlas tú solo. Luego entrégaselas al Espíritu Santo. Él te enseñará cómo verlas a través de los ojos del perdón para que así desaparezcan.

Observaciones: Hoy dedica todo el tiempo que puedas y un poco más. Para esto está el tiempo. Pues ahora te apresurarás al hogar de tu Padre, de donde has estado alejado durante mucho tiempo. No mantengas alejada a la misericordia otro día, otro minuto o segundo.

Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten).
Aplica la lección “Perdonaré, y esto desaparecerá” a los acontecimientos de la hora anterior. No dejes que nada arroje su sombra sobre la siguiente hora. Así sueltas las cadenas del tiempo y te mantienes libre mientras permaneces en el tiempo.

Respuesta a la tentación: Siempre que te parezca que el dolor es real, mantén estas palabras en tu mente: “Perdonaré, y esto desaparecerá”. A todo temor y miedo, a todo lo que te habla de terror, y cada vez que te sientas tentado a elegir la muerte, di: “Perdonaré, y esto desaparecerá”.

Observaciones: Estas palabras te dan poder sobre los acontecimientos que parecían tenerte en sus manos. Liberan tu mente y todas las mentes del aprisionamiento. Ponen fin a todo dolor, a toda tentación, tribulación y culpa. Te dan las llaves del Cielo.

Comentario

El pensamiento central de esta lección es muy parecido a lo que se dice en muchas enseñanzas espirituales: Hay una enseñanza en todo, si estamos abiertos a ver y aprender. Pero aquí el significado es completamente diferente. Muchas personas creen que cada acontecimiento, incluso cada adversidad, tiene un significado para nosotros. Cuando algo va mal, la pregunta natural es: ¿Qué lección hay en esto para mí? Si seguimos esta forma de pensar, podemos pasarnos un montón de tiempo intentando descubrir la respuesta a esa pregunta, una y otra vez, y podemos sentirnos muy intrigados a veces cuando no podemos encontrar cuál es la “lección”.

Pero la Lección del Libro de Ejercicios es muy directa, muy firme, la lección es siempre el mismo contenido, no importa cuál sea la forma. No necesitamos malgastar nuestros esfuerzos intentando descubrir cuál es la lección. Sólo hay una lección. Siempre es la misma:

Cada lección encierra un pensamiento central, que se repite en todas ellas. Su forma es lo único que varía, según las circunstancias, los acontecimientos, los personajes o los temas, los cuales parecen ser reales, pero no lo son. Su contenido fundamental es el mismo y es éste:

 Perdona, y verás esto de otra forma.   (3:3-7)

Por si no entendemos el propósito, se afirma de nuevo con palabras ligeramente diferentes hacia el final de la lección:

Ésta es la lección que Dios quiere que aprendas: Hay una manera de contemplarlo todo que te acerca más a Él y a la salva­ción del mundo. A todo lo que habla de terror, responde de esta manera:

Perdonaré, y esto desaparecerá.   (13:1-3)

El perdón es el tema central del Curso. Como vimos ayer, supone un cambio total en nuestra manera de ver, que permite que la luz del Cielo brille sobre todas las cosas que vemos. El perdón es la única lección que todo, literalmente todo, nos está enseñando. Todo puede enseñarnos esta lección porque, en nuestra locura, tenemos resentimientos contra todo el universo. Lo que el Curso nos está enseñando es una manera diferente de mirar a todas las cosas, una manera que nos permite verlas no como una amenaza, ni como una especie de pérdida, ni como un ataque que nos roba nuestra felicidad, sino como un paso a Dios y a la salvación del mundo.

Cuando el Curso nos dice, como en lecciones anteriores, que el perdón me ofrece todo lo que yo quiero, que el perdón es la llave de la felicidad, no podemos entenderlo al principio. El mensaje nos confunde porque no pensamos que el problema fundamental de nuestra vida es no perdonar. La lección reconoce esto:

Es cierto que no parece que todo pesar no sea más que una falta de perdón. No obstante, eso es lo que en cada caso se encuentra tras la forma.   (4:1-2)

El propósito de las instrucciones del Curso es ayudarnos a reconocer que, sea cual sea la forma de sufrimiento en nuestra vida, debajo de él siempre hay el mismo contenido. Poco a poco, al estudiar el Curso y aplicarlo a nuestra vida diaria, empezamos a reconocer el único problema que tenemos, sea cual sea la forma que parezca tomar: la falta de perdón. El perdón es la respuesta a cada problema, la lección “escondida” en cada acontecimiento angustioso de nuestra vida.

No estoy diciendo que se te pinchó la rueda del coche porque te enfadaste con el empleado de la tienda de comestibles, ni que tengas mala suerte en tus relaciones porque no has perdonado a tu madre o a tu padre. Aunque a veces esas cosas pueden ser verdad, la lección que Dios está intentando que aprendamos tiene un alcance mucho mayor que eso. A la larga lo que hay que corregir es nuestra falta de perdón a todas las personas y cosas del mundo, todo lo que aparenta estar fuera de nuestra mente. De lo que aquí se está tratando es de nuestra actitud general hacia el mundo.

Cuando leí esta lección por primera vez, pensé que estaba diciendo que cada vez que algo iba mal en mi vida, tenía que empezar a buscar en mi corazón a quién o qué es lo que yo no había perdonado. A menudo esa búsqueda fracasaba al igual que la de intentar entender: “¿Qué lección hay en esto?” Pasaba por una fase en la que, uno por uno, sacaba a la luz cada resentimiento que podía tener en contra de cualquiera, y lo abandonaba. Ése puede ser un ejercicio útil, pero sólo está escarbando en la superficie de lo que es el verdadero perdón. El perdón intenta transformar mi percepción de todo lo que veo.

¿Qué quiere decir el Curso con falta de perdón o percepción errónea? Escucha esta definición muy clara, y deja que penetre muy hondo en tu consciencia: 

 ¿Cómo puedes saber cuándo estás viendo equivocadamente o cuándo no está alguien percibiendo la lección que debería apren­der? ¿Parece ser real el dolor en dicha percepción? Si lo parece, ten por seguro que no se ha aprendido la lección, y que en la mente que ve el dolor a través de los ojos que ella misma dirige permanece oculta una falta de perdón. (7:1-4)

¿Parece el dolor real, tal como se percibe? Ése es una señal segura de falta de perdón, según el Curso. ¿Recuerdas esa difícil lección del Libro de Ejercicios acerca de elegir el gozo de Dios en lugar del dolor (Lección 190)? El perdón es la respuesta. Lo que se perdona ya no hace sufrir más. En respuesta a la pregunta: ¿Cómo puedes saber cuándo has perdonado a alguien de verdad?, alguien dijo una vez: “Sabes que has perdonado a alguien cuando te sientes cómodo en su presencia”. Eso es lo mismo: cuando has perdonado, ya no hay dolor. Otra manera de decirlo es que puedes reírte con esa persona. La Voluntad de Dios es que la risa reemplace a todas las lágrimas (9:4-5).

La razón del tiempo es ésa: aprender a perdonar (10:4). En esto es en lo que nuestra atención debe concentrarse. Esto es lo que nos acelera en nuestro camino al Cielo. En nuestras prácticas de quietud, “pense­mos en todas las cosas con las que nos hemos quedado para resolverlas por nuestra cuenta y que hemos mantenido fuera del alcance de la curación” (11:4). No sabemos cómo considerarlas para que desaparezcan, pero el Espíritu Santo sabe; podemos entregárselas al Espíritu Santo. Incluso se nos aconseja que hagamos un descanso cada hora para repasar todo lo que ha ocurrido, y que Le llevemos a Él cada pequeño resentimiento para que sea sanado, para que no sigas cargando con ella en la hora que sigue. “No dejes que ninguna hora arroje su som­bra sobre la siguiente” (12:4). Éste es el modo en que “permanecerás libre y en paz eterna en el mundo del tiempo” (12:5).

No hay comentarios:

Publicar un comentario