sábado, 20 de julio de 2013

Introduccion Sexto Repaso, Un Curso de Milagros

SEXTO REPASO


Introducción

1. Para este repaso utilizaremos sólo una idea por día y la practi­caremos tan a menudo cómo podamos. 2Además del tiempo que le dediques mañana y noche, que no debería ser menos de quince minutos, y de los recordatorios que han de llevarse a cabo, cada hora durante el transcurso del día, usa la idea tan frecuentemente como puedas entre las sesiones de práctica. 3Cada una de estas ideas por sí sola podría salvarte si verdaderamente la aprendie­ses. 4Cada una de ellas sería suficiente para liberaros a ti y al mundo de cualquier clase de cautiverio, e invitar de nuevo el recuerdo de Dios.
2. Con esto en mente, demos comienzo a nuestras prácticas, en las que repasaremos detenidamente los pensamientos con los que el Espíritu Santo nos ha bendecido en nuestras últimas veinte leccio­nes. 2Cada uno de ellos encierra dentro de sí el programa de estu­dios en su totalidad si se entiende, se practica, se acepta y se aplica a todo cuanto parece acontecer a lo largo del día. 3Uno solo basta. 4Mas no se debe excluir nada de ese pensamiento. 5Necesitamos, por lo tanto, usarlos todos y dejar que se vuelvan uno solo, ya que cada uno de ellos contribuye a la suma total de lo que queremos aprender.
3. Al igual que nuestro último repaso, estas sesiones de práctica giran alrededor de un tema central con el que comenzamos y concluimos cada lección. 2El tema para el presente repaso es el siguiente:        
 3No soy un cuerpo. 4Soy libre.
5Pues aún soy tal como Dios me creó.

6El día comienza y concluye con esto. 7Y lo repetiremos asimismo cada vez que el reloj marque la hora, o siempre que nos acorde­mos, entre una hora y otra, que tenemos una función que trans­ciende el mundo que vemos. 8Aparte de esto y de la repetición del pensamiento que nos corresponda practicar cada día, no se requiere ningún otro tipo de ejercicio, excepto un profundo aban­dono de todo aquello que abarrota la mente y la hace sorda a la razón, a la cordura y a la simple verdad.
4. Lo que nos proponemos en este repaso es ir más allá de todas las palabras y de las diferentes maneras de practicar. 2Pues lo que estamos intentando esta vez es ir más de prisa por una senda más corta que nos conduce a la serenidad y a la paz de Dios.3Sencilla­mente cerramos los ojos y nos olvidamos de todo lo que jamás habíamos creído saber y entender. 4Pues así es como nos libera­mos de todo lo que ni sabíamos ni pudimos entender.
5. Hay una sola excepción a esta falta de estructura. 2No dejes pasar un solo pensamiento trivial sin confrontarlo. 3Si adviertes alguno, niega su dominio sobre ti y apresúrate a asegurarle a tu mente que no es eso lo que quiere. 4Luego descarta tranquila­mente el pensamiento que negaste y de inmediato y sin titubear sustitúyelo por la idea con la que estés practicando ese día.
6. Cuando la tentación te asedie, apresúrate a proclamar que ya no eres su presa, diciendo:

2No quiero este pensamiento. 3El que quiero es ________ .

4Y entonces repite la idea del día y deja que ocupe el lugar de lo que habías pensado. 5Además de estas aplicaciones especiales de la idea diaria, sólo añadiremos unas cuantas expresiones formales o pensamientos específicos para que te ayuden con tu práctica.6Por lo demás, le entregamos estos momentos de quietud al Maes­tro que nos enseña en silencio, nos habla de paz e imparte a nues­tros pensamientos todo el significado que jamás puedan tener.
7. A Él le ofrezco este repaso por ti. 2Te pongo en Sus manos, y dejo que Él te enseñe qué hacer, qué decir y qué pensar cada vez que recurres a Él. 3Él estará a tu disposición siempre que acudas a Él en busca de ayuda. 4Ofrezcámosle este repaso que ahora comenzamos, y no nos olvidemos de Quién es al que se le ha entregado, según practicamos día tras día, avanzando hacia el objetivo que Él fijó para nosotros, dejando que nos enseñe cómo proceder y confiando plenamente en Él para que nos indique la forma en que cada sesión de práctica puede convertirse en un amoroso regalo de libertad para el mundo.


SEXTO  REPASO.   INTRODUCCIÓN

Éste es el último repaso del Libro de Ejercicios, el final de la Primera Parte. Al comienzo de la Introducción del Libro de Ejercicios se nos dijo: “El libro de ejercicios está dividido en dos secciones principa­les. La primera está dedicada a anular la manera en que ahora ves, y la segunda, a adquirir una percepción verdadera” (L.In.3:1). Las últimas 40 lecciones han dicho que nos estaban preparando para la Segunda Parte del Libro de Ejercicios. Ahora estamos llegando al final de la primera fase de nuestro entrenamiento. Supuestamente, si hemos estado haciendo los ejercicios como se nos aconsejaba (y ciertamente, ésa es la solución), ya estamos preparados para entrar en una fase nueva y más elevada de nuestra práctica.

Hay dos cosas muy diferentes en la Segunda Parte del Libro de Ejercicios. La primera, las lecciones escritas son muchísimo más cortas, ninguna de ellas tiene más de media página, aunque se nos pide que leamos una sección de enseñanza diez veces, una vez al día junto con la lección. En esta segunda parte se le da menos importancia a aprender nuevas ideas (o desaprender las viejas), y se da mayor importancia a la experiencia y a reforzar las costumbres que hemos formado en la Primera Parte.

La otra gran diferencia es que, a partir de este repaso y la Introducción a la Segunda Parte, en adelante, las lecciones no tienen ya instrucciones para la práctica. Parece muy claro que el modelo de práctica que tenemos que seguir ha sido establecido, que se espera que sepamos cuál es, y que lo sigamos durante las restantes 145 lecciones de la Segunda Parte.

El modelo comenzó en la Lección 153, que establecía los momentos más largos de quietud por la mañana y por la noche, y los recordatorios de cada hora. Los otros dos elementos restantes: recordatorios frecuentes entre horas, y respuesta a la tentación, hasta la lección 200 eran de algún modo libres de hacerse. Es únicamente aquí, en la Introducción al último repaso, que se añaden como algo que se espera que hagamos cada día con firmeza.

“Además del tiempo que le dediques mañana y noche, que no debería ser menos de quince minutos, y de los recordatorios que han de llevarse a cabo, cada hora durante el transcurso del día, usa la idea tan frecuentemente como puedas entre las sesiones de práctica” (L.rVI.1:2). La palabra “además de” deja muy claro que estos recordatorios frecuentes ahora se consideran como “además de” los momentos de quietud de la mañana y de la noche y de los recordatorios de cada hora. La respuesta a la tentación también se explica muy claramente en el párrafo 6:

Cuando la tentación te asedie, apresúrate a proclamar que ya no eres su presa, diciendo: No quiero este pensamiento. El que quiero es ________. Y entonces repite la idea del día y deja que ocupe el lugar de lo que habías pensado (6:1-4).

Esos cuatro elementos de la práctica, que se establecen muy claramente en este último repaso, están dirigidos a que sean las instrucciones a seguir diariamente durante el resto del año:

Momentos de quietud por la mañana y por la noche, como mínimo de 15 minutos de duración
Recordatorios de cada hora, unos pocos minutos, recordando la idea del día y aplicándola a la hora que ha terminado y a la hora que va a comenzar.
Recordatorios frecuentes entre horas, recordando la idea.
Respuesta a la tentación, sustituyendo voluntariamente los pensamientos de nuestro ego con la idea del día.


Se nos dice que “cada una de estas ideas por sí sola podría salvarte si verdaderamente la aprendie­ses. Cada una de ellas sería suficiente para liberaros a ti y al mundo de cualquier clase de cautiverio, e invitar de nuevo el recuerdo de Dios” (1:3-4). Esto es cierto de las ideas que van a venir y de las ideas de las últimas veinte lecciones. Sin embargo, fíjate en la condición que modifica esta frase: “…si se entiende, se practica, se acepta y se aplica a todo cuanto parece acontecer a lo largo del día (2:2). Una sola idea basta. Mas no se debe excluir nada de esa idea (2:3-4).

Si cualquiera de estas ideas es suficiente, ¿por qué necesitamos 365 lecciones? La respuesta es sencilla. El autor sabe perfectamente que no aplicaremos una sola idea a sin excepción a todos los acontecimientos a lo largo del día. Y “necesitamos, por lo tanto, usarlos todos y dejar que se vuelvan uno solo, ya que cada uno de ellos contribuye a la suma total de lo que queremos aprender” (2:5).

En este último repaso, que dura 20 días, repetimos cada día una de las ideas de los 20 días anteriores, y se nos pide que el centro de nuestra práctica gire en torno a un tema unificador:

No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó. (3:3-5)

Se nos pide que repitamos estas tres frases cortas cada mañana y cada noche, cada hora, y en todo momento en que recordemos nuestra verdadera función aquí. Las repetimos con la idea que repasamos cada día. Esa sencilla repetición es la única instrucción concreta que se nos da. Por lo demás, todo lo que se nos pide hacer en nuestros momentos de práctica es, en pocas palabras, que despejemos nuestra mente de cualquier pensamiento en contra (3:8). Esto tiene que ser un “profundo abandono”, no sólo dejar la mente en blanco, sino un abandono de cualquier pensamiento que se interponga en el camino de la cordura y de la verdad.

Sencilla­mente cerramos los ojos y nos olvidamos de todo lo que jamás habíamos creído saber y entender (4:3).

En esta parte final del Libro de Ejercicios vamos “más allá de todas las palabras” (4:1). Buscamos sentir la serenidad y la paz de Dios.

La única excepción es que hacemos algo cuando un “pensamiento molesto” entra en nuestra mente en calma. El párrafo 5 nos da instrucciones muy claras acerca de cómo tratar con estos pensamientos molestos que seguramente aparecerán. Lo más importante es no dejar que tal pensamiento se quede sin respuesta. En lugar de ello daremos instrucciones a nuestra mente: No quiero este pensamiento”, y cámbialo por la idea del día. Seguimos la misma práctica durante todo el día, cada vez que nos tiente el ego.
  
Éste es un firme entrenamiento mental. Nos pide mucho. Creo que eso es lo que quiere decir la frase del Texto: “Mantente alerta sólo a favor de Dios y de Su Reino” (T.6.V.(C)). ¿Cómo podemos esperar que nuestra mente se libere del modo de pensar del ego, si dejamos que los pensamientos del ego queden sin respuesta? Al comienzo del Texto, Jesús nos dice que somos  demasiado tolerantes con las distracciones de nuestra mente (T.2.VI.4:6); esta vigilancia atenta, que rechaza los pensamientos del ego y los sustituye con los pensamientos de Dios, es el remedio que el Curso propone.

Jesús, el autor, dice que pone nuestras sesiones de práctica en Manos del Espíritu Santo (6:6 y 7:1-2). Tenemos que escucharle para conocer los detalles acerca de “qué hacer, qué decir y qué pensar cada vez que recurres a Él” (7:2). Lo más importante es aquietarse (6:6). Sin embargo, la mención acerca de lo que hacemos, decimos y pensamos nos deja una gran libertad. Generalmente hablando, pienso que podemos usar cualquier técnica de las que hemos practicado antes en el Libro de Ejercicios, como los ejercicios de perdón, ofrecer paz al mundo, repasar situaciones en nuestras vidas y aplicarles la idea del día, y así sucesivamente. La mayor importancia está en escuchar en silencio la Voz de Dios y permitir que nuestra mente venga a la serenidad y a la paz. El Libro de Ejercicios ha terminado sus instrucciones concretas para la práctica, pero ahora tenemos que aprender a escuchar al Espíritu Santo:
“dejando que nos enseñe cómo proceder y confiando plenamente en Él para que nos indique la forma en que cada sesión de práctica puede convertirse en un amoroso regalo de libertad para el mundo” (7:4).


SEXTO  REPASO.   INSTRUCCIONES PARA LA PRÁCTICA

Propósito: Repasar cuidadosamente las últimas 20 lecciones, cada una de las cuales contiene todo el plan de estudios en su totalidad y, por lo tanto, es suficiente para la salvación, si se entiende, se practica, se acepta y se aplica sin excepción.

Tiempo de quietud por la mañana/ noche: por lo menos quince minutos.
  • Repite: “No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó”.
  • Cierra los ojos y abandona todo lo que abarrota tu mente, olvídate de todo lo que crees saber. Dedícale el tiempo al Espíritu Santo, tu Maestro. Si te das cuenta de algún pensamiento de distracción, de inmediato niega que seas su presa, asegurándole a tu mente que ya no lo quieres más. Luego abandónalo y sustitúyelo con la idea del día. Di: “No quiero este pensamiento. El que quiero es ________” (la idea del día).

Observaciones: Estamos intentando ir más allá de las formas especiales de práctica porque lo que estamos intentando es ir más de prisa por una senda más corta que nos conduce a la serenidad y a la paz de Dios, que es nuestro objetivo.

Recordatorios cada hora: Repite: “No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó”.

Respuesta a la tentación: No dejes pasar un solo pensamiento trivial sin confrontarlo. Si adviertes alguno, niega su dominio sobre ti y apresúrate a asegurarle a tu mente que no es eso lo que quiere. Luego descarta tranquila­mente el pensamiento que negaste y de inmediato y sin titubear sustitúyelo por la idea con la que estés practicando ese día, diciendo: No quiero este pensamiento. El que quiero es ________” (la idea del día).


COMENTARIOS SOBRE LA PRÁCTICA

  • Intentamos abandonar las palabras.
  • Intentamos abandonar las formas especiales de practicar.

Para las sesiones de práctica más largas nuestras únicas instrucciones son:
  • Vaciar nuestra mente de todo lo que la abarrota y olvidar todo lo que pensábamos que sabíamos.
  • Entregamos nuestras sesiones de práctica al Espíritu Santo, Quien nos enseñará qué pensar, decir y hacer, y Quien guiará nuestras sesiones de práctica.

Hay dos excepciones a esta falta de estructura:

  • Se nos dice que no dejemos pasar ningún pensamiento vano o distraído sin respuesta durante nuestro tiempo de quietud.
  • Se nos dan unos pocos pensamientos concretos (unas pocas líneas) para la lección de cada día, para que nos ayuden en nuestra práctica.

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