viernes, 28 de junio de 2013

Leccion 179, Un Curso de Milagros


Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en el Quinto Repaso

Comentario

Párrafo 11  de la Introducción al Quinto Repaso:

El párrafo trata una vez más sobre los detalles de la práctica del Libro de Ejercicios. No pretendo criticar este punto, pero como estoy siguiendo el contenido de esta Introducción, la importancia no se la doy yo sino el Curso mismo.

El Libro de Ejercicios da mucha importancia a la repetición de las ideas que presenta. La repetición es una de las técnicas fundamentales para el entrenamiento mental que apoya. Si vamos a hacerlo como nos indica (y soy el primero en admitir que me quedo muy corto en hacerlas) pasaremos cinco minutos por la mañana y por la noche pensando en el pensamiento central, siendo mejor todavía si dedicamos más tiempo, hasta media hora. Lo recordaremos cada hora, y utilizaremos el pensamiento central: “Dios es sólo Amor y, por tanto, eso es lo que soy yo”, para envolver los dos pensamientos que estamos repasando en el día.

Ésta no es una idea extraña o excesiva. La repetición de pensamientos espirituales es frecuente en muchas religiones. Incluso me encontré con ello en el cristianismo fundamentalista. Un maestro en una clase nocturna a la que asistí una vez en el Instituto Moody de la Biblia en Chicago, en 1959, enseñaba a sus estudiantes lo que él llamaba meditación bíblica. La idea general era aprender de memoria versículos de la Biblia para tenerlos en la mente cuando fuera necesario, y pensar en ellos durante el día: al levantarte, mientras ibas de un sitio a otro, cuando te sentabas a hacer algo, cuando ibas en el tren o en autobús, y de nuevo por la noche antes de dormir. Explicaba la meditación como: “Compartir con el Señor Su propia Palabra, a modo de oración, y aplicándola a la propia vida”. Este maestro afirmaba que este tipo de meditación había cambiado su vida por completo.

También cambió la mía. Con el tiempo me aprendí de memoria más de mil versículos de la Biblia. Me sabía capítulos enteros de memoria, palabra por palabra. Estoy seguro de que la práctica es lo que, finalmente, me llevó más allá de las limitaciones del fundamentalismo.

Todavía recuerdo una de las primeras veces que reservé un rato para meditar justo antes de dormir. Me senté durante cinco o diez minutos, pensando en los versículos del día, convirtiéndolos en una oración, uniéndome a Dios con ellos, aplicándolos a mi vida. Luego me quedé dormido con las palabras todavía rondando por mi mente.

A la mañana siguiente, me desperté y permanecí tumbado en ese estado medio despierto antes de abrir los ojos. Y allí en mi mente, como un mantra, las palabras seguían repitiéndose. Creí entonces, y lo creo ahora, que habían estado sonando una y otra vez en mi mente durante toda la noche como un disco rallado. Aquella mañana me desperté con una alegre explosión de fe, dándome cuenta de que estaba alimentando a mi mente con pensamientos nutritivos.

Es maravilloso encontrar las palabras del Curso surgiendo en tu mente de repente durante el día, o cuando te despiertas. Pero eso no sucede con pocas repeticiones. Sin la práctica de estos pensamientos, el disco rallado que da vueltas sin parar en nuestra mente es algo muy distinto, porque ya hemos entrenado a nuestra mente muy bien pero con los pensamientos equivocados. Se necesita un esfuerzo consciente, elegir una y otra vez recordar los pensamientos del día y repetirlos, pensar en ellos, y aplicarlos a nuestra vida. Éste es un curso en entrenamiento mental, y “entrenamiento” significa “entrenamiento”.

Cuando entremos con entusiasmo en el entrenamiento, habrá resultados. “Habremos reconocido que las palabras que decimos son verdad” (11.5). Así que, recordemos hoy, y a menudo,  que “Sólo hay una vida, y ésa es la vida que comparto con Dios”. Repitámonos continuamente a nosotros mismos: “Tu gracia me es dada. La reclamo ahora”.

No te desanimes si lo olvidas. Yo todavía lo olvido a menudo. Pero lo recuerdo más a menudo que antes. Si hasta ahora no has hecho nada más que leer la lección por la mañana, si hoy te acuerdas una sola vez a lo largo del día, o si dedicas unos pocos minutos antes de dormir, dale gracias a Dios. Intenta acordarte una vez más que ayer. Si ayer te olvidaste por completo, entonces decídete a acordarte por lo menos una vez. Cada vez que te acuerdas es un gran paso adelante.


El párrafo del que trataremos mañana me recuerda que las palabras son sólo ayudas, y que la práctica es únicamente un medio para producir una experiencia. No hagas un ritual de la práctica, la experiencia es lo que cuenta. 

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