miércoles, 26 de junio de 2013

Leccion 177, Un Curso de Milagros


Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en el Quinto Repaso

Comentario

Párrafo 9  de la Introducción al Quinto Repaso:

Cuatro días más de este repaso, cuatro días más de nuestro “regalo” a él. Por supuesto, cada momento en que nos conectamos con nuestra mente recta, cada momento que entramos en el instante santo, es un regalo también. Este párrafo tiene un maravilloso sabor de ello: nuestro escuchar sus palabras, nuestro darlas al mundo, Cristo trabajando a través de nosotros para salvar al mundo, caminar con él a Dios, coger la mano de nuestro hermano mientras caminamos. Una maravillosa energía que nos une, todos parte del todo que es nuestro Ser, que procede de Dios. La energía viene a nosotros, y a través de nosotros a nuestros hermanos, y a través de ellos a nosotros, uniéndonos a todos juntos en la estructura divina. Somos uno con Aquel que es nuestra Fuente.

 “Pues esto es lo único que necesito: que oigas mis palabras y que se las ofrezcas al mundo. Tú eres mi voz, mis ojos, mis pies y mis manos, con los cuales llevo la salvación al mundo” (9:2-3). Éste es el verdadero propósito de mi existencia y de mi experiencia aquí en el mundo. Puedo sentir confusión, día a día, acerca de mi propósito y la forma que está tomando. Puedo tener mis dudas acerca de aquellos con los que me estoy relacionando ahora, preguntándome cómo demonios pueden ser parte de un plan divino. Puedo preguntarme eso mismo acerca de mí. Pero Jesús habla con estas palabras del Curso: “Mi única necesidad eres tú. Necesito tu presencia física para llegar a través de ti a aquellos que están perdidos en la ilusión de los cuerpos”.

¿Cómo puede ser posible? ¿Cómo, en el lío en el que estoy metido, puede suceder esto? No lo sé. Pero confío en que el Espíritu Santo lo sabe. Todo lo que tengo que hacer es estar disponible, estar dispuesto a que eso suceda. Que recuerde que estos pensamientos de ansiedad, duda, falta de confianza, y tristeza, son sólo formas de la creencia en la muerte; y que los abandone, poniéndolos en Sus manos. Que me ponga yo también en Sus manos, recordando que soy uno con Aquel que es mi Fuente, soy Amor al igual que Dios, soy una extensión de Su Ser, como todos lo somos. Si puedo creer esto, soy libre.

Donna Cary ha escrito una canción maravillosa, una de las muchas basadas en su experiencia con el Curso. El estribillo repite una y otra vez: “Él me está pidiendo que me entregue a Él. Llamándome para que me entregue a Él”. La canción habla del miedo que surge cuando oímos esta llamada. ¿Puedo decir hoy: “Él me necesita. Quiere mis manos, mis pies, mis ojos, y mi voz. Padre, tengo miedo, pero aquí estoy. Úsame.”? Que yo sea el instrumento de Su paz. O, en las palabras de una poeta cristiana del siglo pasado, Amy Carmichael:

Ama a través de mí, Amor de Dios.
Hazme como tu aire claro,
A través del cual pasan los colores libremente,
como si no estuviera ahí.


“Dios es sólo Amor y, por tanto, eso es lo que soy yo”. Que ese Amor se extienda a través de mí libremente y sin obstáculos. Que yo sea claro y puro. Recuérdame, Dios, que yo soy libre hoy, que la muerte no existe, que nada se opone al Amor o a la Vida. Que mi vida sea una expresión de esa verdad.

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